sábado, 27 de mayo de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 28)



Cuando Opx llegó a la Confederación Gerede Mutsu, su flota se dirigió directamente al tercer planeta del sistema Orhon Mutsu donde se estaba concentrando la diezmada flota de Loewen. La órbita estaba repleta de naves destrozadas, y grupos de ingenieros en trajes autónomos, trabajaban a destajo parcheando naves con los restos de otras que eran irrecuperables. Algunas lanzaderas remolcaban los escombros para retirarlos de la órbita e impulsarlos hacia la estrella del sistema. Con lo que vio, se hizo una idea clara de la situación antes de hablar con Loewen, pero quedaba lo peor, el estado del ejército que intentaba curar sus heridas en la superficie del planeta. Encontró a Loewen en el puente de mando de la nave insignia, la Santuario, metida bajo una consola haciendo conexiones en circuidos averiados. Se tumbó a su lado y se metió debajo. Loewen cuando le vio, dejó su trabajo, se abrazó a él y se echó a llorar.
—He perdido más de cien naves, —dijo entre sollozos.
—Tranquila, —la consoló con voz suavemente—. Era una batalla perdida, y lo sabes.
—Ha sido un desastre, y Clinio y Ghalt…, y 600.000 muertos… y los civiles…
—¡Mira nena! —la reprendió— tu no eres culpable. Sabíamos que tarde o temprano nos iban a dar por el culo…
—¡Si, pero…!
—Nada de peros, te necesito a mi lado, y quiero a mi fiera, no a un gatito de peluche.
—¡Joder Opx! No soy un gatito de peluche, —protestó Loewen con una leve sonrisa.
—Pues vamos a salir de aquí abajo antes de que empiecen a murmurar.
—Eso a mí me da igual…
—Pero a mí no, tengo una reputación que mantener, y con una mujer ¡Qué horror!
—¡Joder tío! —dijo saliendo de debajo de la consola, y viendo a Leinex le dijo después de darle dos besos—: ¿Tú te crees lo que me dice?
—Yo me lo creo todo, —dijo Leinex con una sonrisa.
—Bueno nena, quiero que mandes a todas las naves que no estén en condiciones de combatir a Ikoma Tome para que terminen de repararlas allí, —la dijo Opx cogiéndola por los brazos cariñosamente—. Voy a hacer lo mismo con todas las tropas de Torres evacuadas de Sigma Trumzely. Quiero presentar batalla aquí para fijar al enemigo y dar más tiempo a la evacuación de la población civil, pero será una estratagema, la batalla la plantearemos en otro lugar, donde nos convenga a nosotros. Quiero que plantees una defensa elástica, no quiero una gran escuadra en órbita sobre nosotros. Con los escudos y la artillería de defensa planetaria tenemos suficiente para lo que quiero hacer.
—¿Vas a sacrificar Gerede? —preguntó Loewen muy seria.
—En la situación actual es indefendible.
—Pero, ¿y tus tropas?
—Parte, ya van para Ikoma Tome, en cuanto al resto… son perdidas asumibles.
—¿Emplearas los Delta?
—Si, pero aquí no, tengo otra cosa en mente.



Los grupos de trabajo se reunieron en el Cuartel General en Mandoria, una vez analizada toda la información que se tenía. A la reunión asistieron también el presidente Fiakro y canciller de Mandoria, así con un gran número de comandantes del ejército y de la flota. Después de la exposición de los diversos grupos, Marión tomó la palabra para resumir toda la información.
—Por el lado de la infantería, han copiado nuestra estructura organizativa y operan como nosotros en escuadrones de entre 150 y 200 soldados. Sus soldados han adoptado el uso de escudos de duranium y por primera vez, utilizan armas personales como espadas o lanzas, y lo más preocupante, tienen acceso a la tecnología de escudos de energía de poco perímetro, y han adaptado su artillería de campaña para que actúe como artillería anti-blindaje con la que se defienden, de una manera más eficiente de nuestros carros de combate. En cuanto a la flota, han perfeccionado la estrategia que ya emplearon en Rudalas. Ahora sus naves operan mucho más juntas y presentan un bloque prácticamente impenetrable. Creemos que han adaptado equipos informáticos federales de apoyo a la navegación. A todo esto, hay que añadir la tremenda superioridad numérica del enemigo.
—Gracias Marión, —Marisol pensativa se dirigió a todos los asistentes—. A las tremendas bajas sufridas, hay que añadir algo que es igual de importante. En Trumzely Prime, hemos perdido a dos de los cuatro jefes militares con más experiencia que teníamos, junto a 96 generales de infantería, 82 comandantes navales y 5 jefes de flota. Todos, gente experimentada y muy valiosa, y no tengo que deciros lo que eso significa. El grupo de asesores tácticos ha diseñado nuevas estrategias para la infantería y la flota que ya están en manos de Loewen y Opx. Señores, señoras, hay que estar a las duras y a las maduras, y de igual manera que con las victorias todos dabais saltos mortales, ahora toca mover el culo y plantar cara a los desastres. ¿He hablado claro, alguna duda?
—Una cosa más,  —dijo Marión viendo que nadie abría la boca, y dirigiéndose a los asistentes, añadió—. Tenemos fundadas sospechas de que de alguna manera el enemigo intercepta nuestras comunicaciones. A partir de este momento, queda prohibida cualquier comunicación con los despliegues militares, y todas las comunicaciones u ordenes se centralizaran en este Cuartel General. Solo a título informativo, os diré, que hasta que los ingenieros desarrollen sistemas de encriptación para las comunicaciones, las ordenes o informes de máximo nivel se enviaran mediante mensajeros y lanzaderas, —y mirando a Marisol preguntó—: ¿Alguna cosa más mi señora?
—No, nada más. Pulqueria, general Oriyan, a mi despacho.
Las aludidas entraron al despacho, junto con Marión, el presidente y el canciller de Mandoria.
—Has sido un poco dura, Marisol, —dijo el canciller mientras se sentaba igual que los demás— en definitiva todos echamos las campanas al vuelo.
—Yo no.
—Así es, querido amigo, —intervino el presidente dando una palmada en la pierna al canciller— y los acontecimientos la acaban de dar la razón de la manera más terrible.
—Está es una reunión de máxima seguridad, —dijo Sarita cerrando la puerta— nada de lo que se hable aquí, puede salir de está habitación, —todos asintieron dando su conformidad.
—El general Opx va a llevar a cabo una operación de distracción en la Confederación Gerede Mutsu, —comenzó a hablar Marisol activando un mapa holográfico— pero la batalla principal se desarrollara en el sistema Ikoma Tome, que prácticamente está deshabitado y forma parte del Programa Federal de Colonización. Pero esto ocurrirá dentro de cuatro semanas, —y mirando a Pulqueria y Oriyan añadió—: y por razones obvias no necesitáis saber más. Cuando se inicien las operaciones en Ikoma Tome, nosotros, vamos a penetrar con profundidad en las líneas enemigas y atacaremos en la zona Beegis-Nar. Yo supervisaré las operaciones desde la Fénix, pero las operaciones de flota son tuyas, Pulqueria, y de Oriyan, las operaciones terrestres en Nar.
—¿Y Beegis? —preguntó Oriyan frunciendo levemente el ceño—. Beegis, está muy próximo…
—Si mi mosca cojonera no abre la boca le da algo, —la interrumpió Marisol intentando bromear mientras la ponía una mano en el hombro—. En Nar, el enemigo tiene desplegados dos millones de soldados y sospechamos que hay presencia de civiles federales retenidos en campos de concentración. Beegis en un centro de aprovisionamiento de primer orden, el principal en está zona, no hay presencia humana y lo vamos a arrasar con los Delta, —las dos mujeres asintieron con la cabeza—. Oriyan, solo nos quedan tres ejércitos en la zona, y aunque hemos adelantado el fin del adiestramiento de un millón de reclutas, buena parte de ellos se destinaran a Ikoma Tome. Utilizaras el 2.º y el 6.º ejércitos, mientras que el 8.º quedara en reserva en Kalinao. Parte de los transportes de tropas que ahora están en Ikoma Tome, vendrán aquí para este ataque. Pulqueria, solo tienes a tu disposición los grupos de batalla de Aurre y Muns, pero para la defensa de la órbita de Nar, trasladaremos provisionalmente un grupo de satélites Petara. Aun así, son fuerzas exiguas para la tarea que tenemos…
—¡Serán suficientes, mi señora! —la interrumpió Pulqueria mientras Oriyan asentía.
—Venceremos, mi señora, —intervino Oriyan—. Confíe en nosotras.
—Mi confianza en vosotras en absoluta, y eso es algo de lo que jamás debéis dudar, —y mirándolas añadió—: solo quiero que os deis cuenta de la magnitud del desastre, cuando la Confederación Gerede y los grupos estelares cercanos caigan, habremos perdido 12.186 sistemas, de los que 91 están habitados, y otros 397 tienen infraestructuras mineras o industriales. Más de 40.000 millones de ciudadanos se han visto afectados y de al menos un tercio, no tenemos noticias. Nosotros estamos para servir y para morir por ellos si es necesario, porque ellos son lo importante. ¿He hablado claros?
—¡Si, mi señora! —respondieron las dos al unísono.
—¿Pues entonces a que esperáis? ¡moved el culo! —las dos se levantaron y después de despedirse del presidente, el canciller y Marion, salieron de la habitación en el momento que Anahis entraba. Le entregó una tableta a Marisol y después beso a su padre en la calva—. Los bulban están en las proximidades de Orhon Mutsu 3 en la Confederación Gerede Mutsu.
—¿Era lo previsto, Marisol? —preguntó el presidente.
—Si, si, era lo previsto, señor presidente.
—¿Sigues cabreada conmigo?
—Si señor presidente, y mucho. Mi sitio está…
—Tu sitio está donde yo digo que esté, —la interrumpió con suavidad—. Que no se te olvide.
—Nunca se me olvida, señor presidente.



Cuatro días hacia que los bulban operaban en el tercer planeta del sistema Orhon, y las fuerzas federales habían completado la evacuaron total de la población. Opx replegaba sus tropas hacia las zonas de embarque permanentemente protegidas por naves ligeras federales.
—Estás muy tenso, tienes las cervicales hechas una mierda, —le dijo el capitán Leinex masajeándole la nuca.
—Sí, las tengo tan cargadas que incluso me duele la cabeza, —respondió Opx acariciándole la mano.
—Le voy a decir al médico que te de algo…
—¡No me jodas Leinex…!
—En primer lugar, sabes que me encanta joderte…, y que me jodas, —le interrumpió— y en segundo lugar, todos dependemos de que tú estés en condiciones para darles a estos hijos de puta una buena patada en los huevos.
—Si mi amor, pero un dolorcillo no me lo va a impedir, —medio protesto Opx viendo como Leinex hacia una señal al médico para que se acercara.
—Tenga cuidado doctor, el general está hoy que muerde —dijo Leinex cuando se acercó, lo que provocó que sonriera.
—Mi general, un correo urgente del sector norte, —dijo un oficial entregándole una tableta. Opx comenzó a leerla mientras el médico le inyectaba algo en el cuello con un hypospray.
—Gracias doctor, —y dirigiéndose a Leinex ordeno—: que las divisiones 146 y 203 pasen a reforzar el sector norte.



Cinco días después, el grupo de fragatas federales, hasta ese momento poco activas, entraron a la órbita atacando al grueso de la flota enemiga. En la superficie, los cazabombarderos y lanzaderas, comenzaron un bombardeo masivo a todo lo largo de la línea de frente de las vanguardias bulban, mientras las divisiones que quedaban embarcaban en los transportes. Doce horas después, las fuerzas federales abandonaban definitivamente todos los sistemas de la Confederación Gerede.



—Siempre que te pierdo en la cama, es porque estás preocupada y te encuentro aquí, —Anahis, con el tenue resplandor de las lunas de Mandoria reflejándose en su cuerpo desnudo, se aproximó a Marisol, sacándola de la abstracción en que se encontraba. Se sentó a su lado en el pequeño jardín anexo a la habitación que compartían en el Palacio Real y la paso el brazo por los hombros—. ¿Cómo estás?
—¡Jodida! No me hago a la idea de no ver más a Clinio, tan serio, tan estoico. Ni a Ghalt. ¡Joder nena! Los dos me salvaron la vida en Faralia cuándo ese hijo de puta, ¿cómo se llamaba el regente de la república…? Si, el príncipe Mohs, me quiso asesinar.
—Pues te tienes que hacer a la idea por muy duro que sea mi general.
—¿Mi general? —Marisol la miró con extrañeza.
—Si mi general, porque todos tienen de ti la imagen de la líder dura, que va por ahí cortando cabezas y esa es la imagen que tienes que dar por duro que sea. Como me gustaría que te vieran de verdad como te veo yo y como te veía él: frágil, sensible y humana.
—¡Coño mi amor! Yo no soy frágil, —y los ojos se llenaron de lágrimas mientras Anahis la abrazaba y con la cola la acariciaba las piernas. Después, con los pulgares limpio sus lágrimas y la beso en la boca.
—Ven mi amor, vamos a la cama, —se levantaron y cogidas por la cintura entraron en el dormitorio donde las dos se amaron hasta que las primeras luces del alba rasgaron las tinieblas de la noche.

En Ikoma Tome se había concentrando todas las fuerzas supervivientes del desastre de Trumzely Prime, junto con el ejército de Opx y 32 divisiones de reclutas llegadas apresuradamente. En cuanto a la flota, se habían podido reparar medianamente gran parte de las fragatas y corbetas dañadas durante el desastre, gracias a los grupos de ingenieros que llegaron de refuerzo. Como estaba previsto, parte de la flota de transporte, una vez completado el repliegue a Ikoma Tome, se dirigieron a toda maquina, y repletas de heridos, a Kalinao, donde Pulqueria y la general Oriyan las esperaban.
Todo estaba preparado para el segundo acto: en pocos días, los bulban atacarían Ikoma Tome y las fuerzas federales, caerían sobre Beegis y Nar. De nuevo, millones de soldados se enfrentarían sin cuartel, escribiendo una página más de está terrible guerra.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 27)



Los dos comunicadores comenzaron a sonar insistentes con un par de segundos de intervalo, y en la penumbra de la noche, Marisol y Anahis, los cogieron.
—¿Qué ocurre? —preguntó Marisol.
—Ven rápidamente, —respondió la voz de Marión— el ataque ha comenzado.
—Ya vamos, —dijo Marisol, y cortó la comunicación. Miró a Anahis que seguía hablando con el comunicador en la oreja mientras intentaba ponerse los pantalones del uniforme. Miró a Marisol con cara asustada.
—¡Vale! Gracias Hirell, en un par de minutos estamos ahí, —y cortó la comunicación.
—¿Qué ocurre?
—El ataque se ha producido en Trumzely Prime, —respondió Anahis, mientras con las guerreras del brazo, salían rápido del dormitorio abrochándose las camisas. Por el camino se encontraron con Sarita que también se iba vistiendo por el camino.
—Pero eso está… en el Sector 25…, en el borde de la galaxia, —razonó Marisol. Anahis asintió con la cabeza mientras a la carrera entraban en la sala de estrategia.
—El ataque se ha producido contra el Grupo Estelar de Trumzely Prime, 538 sistemas, 31 habitados, —comenzó a informar Marión nada más verlas. Anahis se sentó en su consola al lado de Hirell—. Parece que el ataque se centra en la capital del Grupo, en Sigma Trumzely 5. Las defensas planetarias aguantan, pero los transbordadores de patrulla fronteriza han sido barridos. La almirante Loewen ha partido hacia allí con la mitad de la flota de reserva, pero tardara en llegar al menos seis días. El general Clinio está embarcando al 1.º Ejército para seguirla.
—¿Hay actividad en la zona de Kalinao?
—Negativo, pero se mantiene la presencia enemiga como hasta la fecha.
—¿Tenemos imágenes de lo que pasa en Trumzely Sigma?
—Negativo, todas las comunicaciones están bloqueadas.
—Hirell, por favor, despliégame un mapa de la zona en la pantalla 2. Sarita, que mi lanzadera este preparada, e informa al Fénix que partimos de inmediato, —ordenó Marisol. Durante un rato estuvo estudiando toda la zona del Grupo Estelar, mientras Marión contestaba una llamada de su comunicador y entraba en su despacho—. Anahis, ¿qué sabemos de ese planeta?
—Sigma Trumzely 5, es un planeta de los grandes, y la mitad de la superficie, son mares. La zona terrestre está formada por un único continente y una decena de islas grandes. Está muy poblado, la mitad de los habitantes del Grupo Estelar, más de seis mil millones, están en ese planeta. Con el comienzo de la guerra, crearon un pequeño cuerpo de milicias, que junto con la policía pueden llegar a doscientos mil. En el 4 y en el 6 hay numerosas colonias, pero no disponen de defensas planetarias.
—¿Sabemos si han evacuado esas colonias?
— No, no lo sabemos.
—¡Bueno! Pues lo que ya sabemos es porqué han atacado por ahí, —razono Marisol pensativa—. Primero, hay mucho agua. Segundo, con una población de 6.000 millones, nuestro ejército, cuando llegue, no pobra maniobrar con libertad porque tendrán que proteger los núcleos urbanos. Todo esto, si aguantan hasta que lleguemos. Mientras tanto, aquí nos tienen copados y no podemos desplazar a todo el ejército hacia allí. Nos han cogido por las pelotas y bien.
—Acabo de hablar con el presidente, —dijo Marión saliendo de su despacho—. El gabinete de crisis está reunido por video enlace y he establecido un enlace directo con el Palacio Presidencial para que reciban datos en tiempo real. Cuando tengas un momento quiere hablar contigo en privado, pero me ha ordenado, y de manera muy clara, que te prohíba salir del Estado Mayor: no quiere que vayas a Trumzely Prime.
—¿Qué? ¡No me jodas Marión! ¡Una mierda! Os podéis ir los dos a tomar por el…
—¡Es una orden del presidente! —la interrumpió Marión gritándola mientras se plantaba ante ella muy seria—. Y te juro por lo más sagrado que la vas a acatar.
Todos miraron a las dos mujeres con mirada asustada mientras Hirell y Anahis se miraban entre ellos.
—¡Joder tía!, no puedo quedarme aquí…
—¡Si puedes! —la volvió a interrumpir, y pasándola un brazo por los hombros la llevó hasta su despacho y cerró la puerta.
Unos minutos después, por el comunicador, ordenó a Hirell que le pasara un video enlace con el presidente. Mientras tanto, uno de los oficiales del estado mayor, logró establecer una línea telemática de datos con Sigma Trumzely, por donde comenzaron a recibir telemetría y mensajes escritos, de los sistemas que aún no habían sido ocupados.
—¡Muy bien! —exclamó Anahis levantándose y tomando el mando de la situación como oficial de más rango en ese momento—. Hay que mantener esa línea a toda costa: es prioritario. Todo lo que se reciba hay que grabarlo automáticamente. Vamos a crear grupos de trabajo por áreas que desmenucen todo lo que se reciba. No podemos perder ni un solo dato, —y dirigiéndose a dos suboficiales de comunicaciones, les ordenó—: Vosotros dos, establecer una línea permanente con la almirante Loewen, y otra con el general Clinio, cuando parta con las tropas. Hay mucho que hacer, ¡a trabajar!
Marisol y Marión salieron del despacho, y la actividad era frenética. Anahis puso al corriente a Marión, mientras Marisol se sentaba en su puesto, cruzaba los brazos sobre la mesa y reposaba la cabeza en ellos. Después de varios minutos de silencio, Marisol se incorporó, y en las pantallas murales del centro de mando estuvo estudiando los datos que en ellas se reflejaban.
—¿En qué estado está el embarque de las tropas? —preguntó finalmente.
—El general Clinio acaba de partir con el 1.º Ejército. El 2.º le seguirá en un par de horas, y seis después, el 7.º con el general Ghalt, —respondió Hirell.
—Que con el grupo de Ghalt, parta también el resto de la flota de reserva, —ordeno Marisol—. Anahis, comunícame con Opx.
—El general Opx en la pantalla principal, —respondió Anahis unos segundos después.
—Opx, el gobierno federal está confiscando naves comerciales de transporte y pasaje para poder embarcar tropas, —le dijo—. Cuando empiecen a llegar, quiero que embarques al 3.º y 5.º Ejércitos y partas hacia Trumzely Prime. El grupo de batalla de la Tanatos, del capitán Camuxtil, ira contigo. Pulqueria se queda al mando de las fuerzas en Kalinao.
—¿Y tú que vas a hacer? —preguntó Opx.
—Sentarme en está puta silla: el presidente… y “mama gallina” me prohíben ir, —respondió Marisol mirando a Marión de reojo con el ceño fruncido.
—¡Por fin alguien juicioso en el cuartel general! —bromeó Opx.
­—¡No seas capullo! No estoy para bromas.
—Lo digo en serio… aunque no lo parezca.
—Vamos a dejar el tema, —zanjó Marisol—. Te confío uno de los transportes de bombardeo equipados con sistemas ofensivos tácticos. Ahora daremos la orden, —hizo una señal a Marión.
—¿Crees que serán necesarios? —preguntó Opx.
—Tengo un mal presagio, nene, —respondió Marisol con ojos tristes—. Creo que habrá que hacer uso de los Delta, pero sé juicioso…, y ten cuidado.
—Muy bien…, mama gallina, —dijo Opx riendo.

Siete días después, la flota de Loewen llegó a Trumzely Prime y se encontró con que los bulban la dejaban el acceso directo a Sigma Trumzely. Por precaución, dividió la flota en dos, y mientras una parte seguía hacia el quinto planeta, la otra parte se mantenía a relativa distancia. En la órbita, los bulban mantenían una masiva presencia sobre el hemisferio norte, donde habían logrado abrir una ventana en las defensas planetarias, por donde entraban grandes cantidades de infantería, así como fragatas que operaba en la atmosfera. Cuatro horas por detrás, llegó Clinio con el 1.º Ejército, que efectúo un desembarco de combate en las inmediaciones de la capital y doce horas después Ghalt con el resto de las fuerzas. En total, y en menos de veinticuatro horas, después de siete días de viaje, el ejército federal había logrado desplegar a un millón y medio de soldados, más 200 naves de batalla a las ordenes de la almirante Loewen. Desde el primer momento, los tres jefes militares se dieron cuenta de que había resultado relativamente sencillo ocupar posiciones en el planeta, pero no podían hacer otra cosa, necesitaban desembarcar tropas para poder embarcar civiles y sacarlos de allí. Frente a ellos, y perfectamente asentados sobre el terreno, cinco millones de soldados bulban esperaban para iniciar el ataque.
—Esto es una encerrona, Loewen, —dijo Clinio mientras Ghalt asentía. Se habían reunido en la capital junto con los lideres políticos y el canciller del Grupo Estelar y después de una hora de debate, era la conclusión a la que había llegado— han hecho lo mismo que les hemos estado haciendo nosotros a ellos.
—Y ahí fuera, hay más de 2.000 fragatas, —afirmó Loewen—. Y su dispositivo sobre el hemisferio norte es más efectivo que el de Rudalas. Han aprendido y mucho. Solo podemos adoptar posiciones defensivas.
—Tu decides Loewen, pero creo que no deberías arriesgar naves grandes en operaciones en la atmosfera.
—Necesito fragatas y corbetas para contener a los bulban en la orbita, pero con sus fragatas operando en la atmosfera y apoyando a su infantería lo tenemos jodido.
—Lo prioritario es evacuar a la mayor cantidad de civiles posible, señor canciller, —dijo Clinio dirigiéndose al canciller que asintió con la cabeza—. Cualquier cosa que vuele, además de los transportes militares, lo emplearemos en ese cometido.
—Lo más cercano seria la Confederación Gerede, —apuntó el canciller—. Además, ellos con sus naves nos van a ayudar en la evacuación, ya estamos trabajando en ese sentido.
—En principio está bien, —intervino Ghalt— pero si el enemigo nos sobrepasa aquí, volverán a estar en peligro, porque el próximo movimiento lógico seria que atacaran Gerede, y entonces…
—Tendríamos un problema mayor.
—El primer destino tiene que ser Gerede, —la que hablaba era una representante en el Parlamento Federal—. Naves de todo el sector, y de los sectores circundantes, están convergiendo aquí para ayudar en la evacuación. Entonces, podremos llevarlos a otro lugar más seguro…
—Si, pero ¿adónde? —la interrumpió otro político.
—Ikoma Tome está casi en la frontera con el sector 24 y está muy poco poblado, —respondió la representante—. Pero hablemos claro, por sus palabras asumo que creen que tenemos pocas posibilidades de derrotar al enemigo, ¿me equivoco?
—No, no se equivoca señora representante, —respondió Clinio—. El ejército permanecerá aquí hasta que se complete la evacuación, seremos los últimos en salir…, si salimos.
—Entonces hay que evacuar también Gerede.
—Seria lo mejor.
—Entonces no perdamos el tiempo, hay mucho que hacer, —dijo la representante levantándose.



Varios días después, las cosas no podían ir peor en Sigma Trumzely, y las comunicaciones estaban cortadas a causa del bloqueo impuesto por los bulban. El dispositivo de defensa federal, a escasos kilómetros ya de la capital, donde se amontonaban millones de refugiados, se sustentaba en dos baluartes, dos zonas fortificadas al norte de la ciudad, uno defendido por Clinio, y el otro por Ghalt. Por el sur, el general Torres ralentizaba a duras penas el constante avance enemigo. La evacuación de los civiles iba a buen ritmo, pero solo se había logrado llegar a un tercio. En la orbita, la situación no iba mejor, y eso que los bulban no habían mandado a la batalla todas sus naves, un gran número de ellas se mantenían en la reserva. El desenlace final era inminente, los ejércitos federales estaban casi acorralados, la flota estaba al límite, y cientos de millones de civiles se amontonaban en los pocos núcleos urbanos libres, o en las montañas, de donde ya no podrían ser evacuados. Marisol, intranquila, paseaba por detrás de Anahis e Hirell como una fiera enjaulada, mientras Marión ayudaba intentando restablecer las comunicaciones. Interiormente se recriminaba el no estar allí, con los suyos, con sus camaradas, con sus amigos.
—¡Tenemos una línea de imagen! —gritó Marión— pero no es estable y hay muchas interferencias. —en la pantalla, apareció un coronel maradoniano, al que Marisol conocía de vista, estaba sucio, ensangrentado, y en medio de un escenario dantesco de fuego, humo y explosiones. La imagen se recibía con muchas interferencias.
—Mi señora, —dijo el coronel—. El general Clinio ha muerto, los escudos de su centro de mando, se desactivaron por la intensidad del bombardeo. Todo el frente norte ha caído y el general Ghalt combate en el interior de la capital que ya está cercada. Ha trasferido el mando al general Torres con la orden de replegarse y evacuar tropas hacia Gerede. Hemos tenido unas perdidas enormes: esto es una puta carnicería mi señora.
—Tranquilo coronel, comunique con Torres y confirme las ordenes, —dijo Marisol reponiéndose del terrible mazazo que la suponía la muerte de su amigo—. Que saque todas las tropas que pueda de allí. Exactamente, ¿cuál es la situación de Ghalt?
—El escudo general de la ciudad ha caído, y la mitad de los escudos locales están desactivados. El enemigo entra por múltiples puntos hacia el centro, y si no avanzan más rápido es porque tienen que estar apresando a los civiles. No tiene ninguna posibilidad de salir de allí.
—Entonces no espere más coronel, repliéguese con Torres.
—Los bulban operan sobre el terreno mucho mejor que antes, han aprendido mucho estos hijos de puta. Envío datos tácticos sobre ellos, y toda la información que tenemos. Confirme la recepción mi señora.
—Lo tenemos, —dijo Marisol después de que Marión levantara el pulgar—. Y ahora, salga de ahí: es una orden.
—Perdemos la comunicación, —dijo Hirell—. No tenemos audio, —la imagen se fue difuminando hasta que la pantalla se quedó en estática. En su sitio, Marión lloraba y se enjugaba las lágrimas con un pañuelo.
—Marión, —dijo Marisol acercándose a su sitio, abrazándola por detrás y besándola—. Pon a varios equipos a trabajar con los datos trasferidos, necesitamos esa información para enviársela a Opx.
—Ahora mismo.
—Hirell, ¿a cuánto está el grupo del general Opx?
—A setenta y cuatro horas, mi señora.
—Que se dirija directamente a la Confederación Gerede y asuma el mando de todas las fuerzas de tierra, —dijo a Hirell, y después, dirigiéndose a Anahis, añadió—. Necesitamos comunicar con Loewen, como sea.

Cuatro horas después, por fin se logró comunicar con Loewen.
—¿Cómo estás? —la preguntó Marisol viendo el terrible aspecto de su amiga: la cara ennegrecida, despeinada, su siempre pulcra guerrera sucia y descosida por donde se adivinaban algunas heridas, y una expresión de fatiga general impropia de ella. El puente de su buque insignia estaba destrozado, algunos puntos desprendían humo débil y marañas de cable colgaban del techo.
—¡Jodida! —respondió, y con una expresión de dolor, añadió—. Clinio y Ghalt han muerto.
—¿Lo has confirmado?
—Si, si, está confirmado, —respondió afirmando también con la cabeza—. Hace dos horas que nos hemos retirado, he perdido casi la mitad de la flota. Acompañamos a los últimos evacuados hacia Gerede.
—Ya he ordenado a Opx que se dirija hacia allí.
—Clinio consideraba que el próximo movimiento enemigo seria contra la Confederación Gerede, por eso, en una segunda fase, quería seguir la evacuación de los civiles hacia Ikoma Tome, en el límite con el Sector 24.
—Coordínate con Opx, él tiene ahora el mando del ejército, pero lo que hagáis, cuenta con mi total apoyo.
—Tenemos un grave problema Marisol, no somos capaces de hacer frente a su nueva táctica de flota, —dijo Loewen con aire desanimado—. Pero el cambio más radical ha sido en el ejército.
—Ya estamos trabajando con los datos que tenemos: encontraremos una solución, —dijo para animarla—. Aun así, Opx, lleva un bombardero con cohetes Delta, por si hay que tomar medidas más drásticas.
—Mucho me temo que habrá que utilizarlos.



domingo, 21 de mayo de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 26)



Aprovechando la tranquilidad, Marisol, a su regreso de la reunión en Edyrme, había obligado a Marión, a disfrutar de unos días de vacaciones. Como a pesar de sus protestas, la orden era tajante e inflexible, Hirell se la llevó a Ursalia para que conociera su mundo. A pesar de tener familia en el planeta, la llevó a una zona de costa donde alquiló una casita discreta a orilla de una playa solitaria.
—¿Te has puesto la protección? —preguntó mientras la contemplaba desnuda sobre la arena—. No quiero que te achicharres y te pongas roja como una maradoniana.
—En todas partes no, —contestó coquetona.
—Voy a tener que inspeccionarte para ver donde te falta, —dijo sonriente, y acariciándola un pie preguntó—: ¿tal vez aquí?
—No, no.
—¿Y aquí? —volvió a preguntar subiendo la mano hasta la rodilla.
—No, no, —respondió juguetona.
—Pues… no sé si será aquí, —dijo metiendo la mano entre las piernas de Marión, y acariciando su vagina con la palma de la mano. Apretó los muslos para aprisionarle la mano mientras arqueaba la espalda.
—¿Qué opinas mi amor? —preguntó Hirell cuando se tranquilizaron después de hacer el amor, mientras pasaba su mano por el cuerpo desnudo de Marión.
—¿A que te refieres?
—A que desde que descubriste que habían manipulado nuestros equipos de espionaje, la jefa está muy preocupada… y si ella se preocupa, ¡joder!, yo me cago.
—¡No seas bobo! —exclamó Marión incorporándose y acariciándole la cara con ternura—. Es normal que este preocupada, todos lo estamos. Pero ella sabrá lo que hacer.
—No, si de eso estoy seguro, pero de verdad que la admiro, yo no podría tomar las decisiones que ella toma.
—Te entiendo, porque yo tampoco podría. De hecho, cuando ha ocurrido, no he podido.
—Por cierto, he oído que al principio os llevabais mal las dos, —dijo Hirell—. ¿Es cierto?
—Si, si, lo es.
—No me lo puedo creer.
—Tuvimos un fuerte encontronazo el día que nos conocimos, yo era una gilipollas, y… a lo mejor lo sigo siendo.
—¡No digas gilipolleces!
—¡No ves! Los gilipollas dicen gilipolleces.
—No digas tonterías, anda. ¿Y que paso?
—Al día siguiente, con la ayuda de la reverenda madre, fui a disculparme, ella también se disculpó, y desde entonces somos amigas.
—¿Así de fácil?
—Así de fácil: con Marisol las cosas son muy fáciles.

Tres semanas después, en el cuartel general en Mandoria, los integrantes del Estado Mayor entraron en la sala de reuniones y se encontraron con Marisol y Bertil, que en un rincón, y sentados en dos sillas hablaban cara a cara en voz baja. A esta reunión asistía por primera vez su nueva asistente personal y amiga desde la infancia: Sarita.
—Id tomando asiento, por favor, —dijo al verlos pasar, y bajando la voz le dijo a Bertil—. Medita sobre lo que te he dicho y dame una respuesta en está semana…, y esto es algo que queda entre nosotros, solo el presidente Fiakro está al corriente, nadie más.
—Entendido mi señora.
Los dos se levantaron y se dirigieron a la amplia mesa donde ya estaban acomodados todos los demás, bueno, casi.
—¿Dónde cojones está Pulqueria? —preguntó Marisol frunciendo el ceño.
—¡Aquí, aquí, aquí! —exclamó Pulqueria entrando atolondrada en la sala mientras se abrochaba la guerrera—. ¡Lo siento, lo siento!
—¡Joder tía! Tu primera reunión de Estado Mayor… ¿y llegas tarde? —la reprendió Marisol.
—¡Lo siento, lo siento! —exclamó Pulqueria resoplando, mientras Bertil bajaba la mirada riendo—. ¡No te rías! —le dijo entre dientes dándole un codazo en las costillas.
—¡A ver! Ya está bien, —dijo Marisol zanjando el tema—. Venga Marión, empieza con tu informe antes de que estrangule a un guerrero, por muy místico que sea, porque como lo haga le va a salir el misticismo por las orejas. Por cierto, estos dos pasan a formar parte del Estado Mayor a partir de hoy, aunque ya estoy pensando si ha sido buena idea.
Marión comenzó a exponer su informe que trataba de aspectos generales del estado de las fuerzas armadas y su relación con las instituciones políticas. También habló del estado de las distorsiones físicas provocadas por la apertura del portal enemigo.
—Las emisiones de energía mística han disminuido ostensiblemente y están a niveles de la guerra imperial de hace 400 años.
—¿Entonces, podríamos regresar a Faralia? —preguntó Ghalt, interesado por el posible regreso a su mundo.
—Si, sin lugar a dudas.
A continuación, tomaron sucesivamente la palabra, la almirante Loewen y el general Clinio, que presentaron informes detallados del estado de la Flota y del Ejército. Por último, el jefe de la División de Inteligencia, el general Taxins, tomó la palabra a petición de Marisol. Durante casi una hora, estuvo desmenuzando todos los datos de que disponía y la situación en los sistemas ocupados en el Sector 26. Finalmente, hizo un resumen general:
—En la actualidad, calculamos que, desde las batallas de Rudalas y Rulas 3, más de 5.500 naves han llegado a través del portal. De ellas, algo más de 3.000 son fragatas, 600 son transportes militares, y el resto, unas 1.800 son transportes civiles que permanecen permanentemente en el 26. En cuanto a estás ultimas, pensamos que han transportado hasta aquí, a más de 25 millones de colonos, pero sospechamos que la cifra real es del doble. Hemos detectado un trasiego constante de este tipo de naves, que van y vienen por el corredor a modo de puente aéreo. Los reconocimientos aéreos realizados por las Fuerzas Especiales con naves incautadas, ha constatado la presencia de asentamientos civiles bulban, en todos los sistemas principales del sector, de los que Faralia y Cayely, son los más importantes. Resumiendo en este apartado: civiles bulban, 50 millones, soldados bulban, 9 millones. Siempre cifras estimativas, —Taxins, hizo una pausa para beber agua y ordenar sus notas—. Me queda por exponer el asunto más… espinoso, por llamarlo de alguna manera. Los reconocimientos aéreos, han detectado también, la presencia de un gran número de ciudadanos de la República, y me refiero a millones, prisioneros en zonas de detención, o, campos de concentración. Este descubrimiento cuadra con la información facilitada por Bertil, sobre como actúan los bulban con relación a los civiles kedar de Magallanes. Son utilizados como esclavos: cultivan los campos, limpian las calles, trabajan en minería e industria, o en cualquier actividad peligrosa o nociva, y finalmente… son consumidos como complemento alimenticio.
Todos se removieron incómodos en sus asientos mirándose entre sí.
—¿Qué vamos a hacer, mi señora? —preguntó finalmente Pulqueria visiblemente afectada—. No podemos…
—¡No vamos a hacer nada! —cortó Marisol que permanecía imperturbable.
—¡Pero mi señora! —protestó.
—¿Quieres llevar al ejército allí…, y a la flota? —Marisol seguía seria, y los que la conocían se daban cuenta de que estaba jodida, incluso Pulqueria, al que se le saltaban las lágrimas de rabia—. ¿Y luego que? Cuando nos machaquen ¿qué haremos entonces? ¿salimos corriendo? Hay que mantener la cabeza fría aunque se nos revuelva el estómago.
Todos guardaron silencio, incluso Marión se limpiaba las lágrimas con un pañuelo. Marisol, cariñosa, sentada a su lado, la paso la mano por la espalda. Finalmente, añadió:
—He hablado con el presidente y los cancilleres, y aunque están igual de asqueados que nosotros, apoyan mi criterio, —Marisol hizo una pausa mientras apoyaba los codos en la mesa y entrelazaba los dedos—. Los bulban han estacionado un par de millones de soldados en la zona fronteriza, cerca de Kalinao, en los sistemas de la Confederación Taç Kefal, lo que indica que podrían estar preparando una nueva embestida contra el sistema, —hizo una indicación a Sarita, que con la ayuda de Hirell, colocaron un emisor holográfico detrás de Marisol y activaron una carta estelar de la zona—. Es tan obvio que me cuesta creerlo, pero no podemos ignorarlo. Hagan lo que hagan, ya han conseguido obligarnos a pivotar en torno a Kalinao, —mientras hablaba, con un puntero láser señalaba y desplegaba archivos—. Bien. Clinio, no quiero desplegar al grueso del ejército únicamente en Kalinao. Tenemos que estar preparados para responder rápidamente si el ataque se produce por otro punto. Y tal vez seria buena idea que te dedicaras a señalar un mapa con el dedo y te olvidaras de la espada.
—Tal vez seria así mi señora, si mi adorada maestra hubiera sido otra, —dijo Clinio con una sonrisa, mientras se levantaba y se aproximaba al mapa, y Marisol se removía incomoda—. En principio, y hay que estudiarlo bien, podríamos desplegar al 3.º, 5.º y 8.º ejércitos en Kalinao a las ordenes de Opx. El 4.º en Tashin 2, y el 6.º en el sistema Grehin. El 1.º, 2.º y 7.º, a las ordenes de Ghalt, en Rulas 3 como reserva. El problema principal es que no tenemos transportes para todos, solo para algo más de la mitad.
—Yo voy a estar fijo en Kalinao, y en principio, puedo prescindir de transportes, —intervino Opx levantándose y aproximándose al mapa.
—Ghalt si necesita los transportes, el resto que se los repartan los otros despliegues, —apuntó Marisol.
—La flota protegerá los despliegues de la infantería, —dijo Loewen aproximándose también al mapa—. Los grupos navales de batalla de Aurre, Muns y Camuxtil, aguardaran por detrás, para intervenir rápidamente cuando sea necesario. También estableceremos una flota de reserva en Rulas 3 para actuar junto con las fuerzas de Ghalt, si fuera necesario.
—Poneros a trabajar sobre todo lo que hemos hablado, —ordenó Marisol—. No tenemos tiempo que perder, principalmente porque no sabemos cuándo se va a producir el ataque, si se produce.
— Vamos a estudiarlo todo bien, pero en principio, Opx puede estar en Kalinao con todas sus fuerzas a, ¿finales de está semana, principio de la siguiente? —dijo Clinio mirando a Opx mientras este asentía.
—Otro tema, —dijo Marisol y dirigiéndose a Opx continuo—: Pulqueria estará contigo como segundo comandante, —Opx asintió y guiño un ojo a Pulqueria— y Bertil pasa al sector del Ares como comandante del ejército kedar. Allí estarás a las ordenes del general Esteban, —Bertil asintió mientras Pulqueria le cogía de la mano. Habían hecho buenas migas los dos—. ¿Si no hay nada más?
—Pasad todos por el despacho de Anahis e Hirell para recoger informes y firmar nombramientos, —dijo Marión mientras todos se levantaban.
—Y tu no hagas el gilipollas, —susurró Marisol a Clinio haciendo un aparte con el—. Te lo digo en serio.
—Si mi maestra.
—No seas tonto.
—No mi maestra, —dijo Clinio besándola la mano.

Diez días después, casi cuatro millones de soldados, divididos en ocho ejércitos, y más de trescientas naves, custodiaban la zona fronteriza en el mayor despliegue militar desde la Guerra Imperial. Solo quedaba esperar. En la capital federal, Marisol iba de reunión política en reunión política intentando liberar a sus jefes militares de engorrosos encuentros con la fauna política de la República. Tuvo que hablar en varias comisiones parlamentarias y dar explicaciones, con pelos y señales, sobre la nueva situación. En todo momento estuvo arropada por el presidente federal, o por gente de su más absoluta confianza.
El fin de semana, pudo por fin regresar a Mandoria a despejarse. Habló con sus padres por video enlace, que la dijeron que estaban encantados de verla a cada momento por la tele, aunque entendían que se moría de ganas de cargarse a “unos cuantos de esos cabrones”.
—Me han dicho que has salido airosa de Edyrme, —afirmó el canciller de Mandoria riendo, cuando al final de la tarde se reunieron, junto con Anahis, para una cena de familia—. Supongo que los políticos no somos, ¿cómo decís los españoles? ¿santos de tu devoción?
—Usted no cuenta señor canciller, ni el presidente, gracias a él y a varios de sus colaboradores he podido torear en esa plaza.
—¿Torear en esa plaza? —intervino Anahis—. ¿Qué es eso?
—Es un espectáculo tradicional español, —respondió su padre— donde se dan capotazos a un toro. Algunos lo consideran bárbaro y cruel, y posiblemente sea cierto, pero a mí me gusta.
—No sabía que es usted taurino.
—Cuando puedo lo veo por televisión. Sí, me gusta, la verdad es que me gusta.
—Pues si va por Nueva España, le diré al canciller que le lleve en Nueva Madrid a las Ventas. Le encantara. Yo no voy porque no me gusta.
—Conozco esa plaza de toros… por la televisión, por supuesto. Esa es una de las que se trasladaron durante la Gran Migración.
—Así es señor canciller, esa y la de Ronda que es más antigua.
—Aunque me interesa la historia de la Tierra, hay una cosa que no termino de entender. Todas las superpotencias de la época, se quedaron atrás: Reino Unido, la confederación germana, Francia, Rusia, China y EE. UU., desaparecieron como países, mientras que los países… digamos más débiles, emigraron: España, Italia, Irlanda y Turquía, junto con Japón y Canadá.
—Y la Federación Africana, la Mancomunidad Asiática y el Consorcio Iberoamericano, —añadió Marisol—. Al final todos emigraron, lo que pasa es que los que se mantienen actualmente, fueron los primeros en conseguir los derechos de colonización y por lo tanto los mejores planetas. Los demás llegaron tarde y solo consiguieron instaurar lo que con el tiempo degeneró, en sociedades residuales y fallidas que no se consolidaron. Incluso provocaron guerras, algunas muy feas, como por ejemplo los EE. UU. que primero se unió a Canadá, y cuando fueron expulsados lo intentaron con el Consorcio Iberoamericano. En su relación con ambas sociedades provocaron dos guerras con millones de muertos.
—¡Vale! Pero ellos al ser más poderosos podían haber conseguido mejores asentamientos para sus sociedades ¿no te parece? —preguntó Anahis interviniendo en la conversación.
—Capitalismo puro y duro, mi amor, y mucha corrupción. Esas naciones lo dejaron todo en manos de los consorcios capitalistas que vieron una vía de negocio brutal. Estuvieron invirtiendo millones y millones de fondos públicos en proyectos inútiles de regeneración atmosférica, mientras cobraban facturas astronómicas a los gobiernos, cuyos políticos cobraban “comisiones”, por mirar a otro lado, ya sabes. 
—¿Y en España, o en los demás no paso eso? —volvió a preguntar Anahis.
—Cómo ya te he contado, hubo un movimiento “pacifico” que echó a palos a los políticos corruptos y a los partidos tradicionales, —respondió Marisol riendo— y acabó con el poder de los consorcios y de las religiones. Es algo parecido a lo que hizo la Princesa Súm, aquí en Mandoria, que sacó la escoba y barrio la basura.
—Y que estuvo a punto de costarla la vida, —apuntó el canciller—. Lo que demuestra que el capitalismo desaforado no tiene limites, están dispuestos a lo que sea, incluso asesinar a una líder como ella.
—Que casualidad de que estéis en el mismo sistema, ¿no?, —dijo Anahis— es curioso.
—Se cree que hubo un acuerdo secreto entre Italia, España, Irlanda y Turquía, se repartieron el sistema y crearon una unión fiscal y financiera, —respondió Marisol—. De igual manera, se cree que Canadá y Japón, que están juntos en otro sistema próximo, hicieron lo mismo.
La conversación, continuo durante la cena y luego durante la sobremesa. Finalmente, se acomodaron frente a la gran chimenea del antiguo palacio real, con sendas copas de licor mandoriano. La velada sirvió para que Marisol y el canciller estrecharan su relación mientras Anahis, muy feliz, asistía complacida. No sospechaba que al día siguiente, unas pocas horas después, se desataría el infierno, envolviéndolos en una vorágine de horror.