miércoles, 19 de julio de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 43)




Hace un mes que se cerró el portal y la situación en la zona del Ares comenzaba a estar muy difícil. La flota bulban presente en las inmediaciones, presionaba toda la zona de demarcación mientras las fuerzas federales se protegían detrás de los sistemas de defensa Petara y de los enormes campos de minas que rodeaban la zona federal. Para impedir una ofensiva total, a la espera de la llegada de la flota de Bertil, el general Esteban realizaba ataques a las zonas de retaguardia bulban con los dos bombarderos que poseía. Utilizando vórtices, aparecía en sus áreas de estacionamiento, efectuaba ataques masivos con misiles Delta y huía rápidamente abriendo otro. Esteban estaba dispuesto a mantener sus posiciones, hasta que Bertil regresara con su flota, lo que ocurrirá en diez días. Después, no quedara tiempo para mucho más, el grueso de la flota enemiga, más de diez mil naves, llegaba tras ellos como un enjambre enfurecido.
La llegada de refugiados kedar había finalizado: era absolutamente imposible para sus naves atravesar el perímetro de control bulban. Aun así, se realizaban operaciones puntuales de rescate tras las líneas enemigas cuándo había ocasión, pero cada vez era más complicado.
Ante la situación que se prevé con la evacuación, al límite, de las fuerzas federales en Magallanes, Marisol, tenia ultimado un operativo para prestarles asistencia, que incluía el reforzamiento de las defensas en el interior del silo del portal, en Telesi 2.



Los preparativos para la ofensiva contra Trumzely Prime estaban muy avanzados y en menos de una semana se iban a poner en marcha. Marisol estaba intranquila y preocupada, no le gustaba está calma que exhibía el enemigo y así se lo ha transmitió a sus colaboradores, que conocedores de su intuición, estaban con la mosca detrás de la oreja. Para analizar la situación, Marisol convocó una reunión del Estado Mayor en el Cuartel General en Mandoria, aprovechando que el presidente estaba en el planeta de visita oficial. Durante buena parte de la reunión, los jefes militares del ejército y la flota, presentaron informes de situación en sus zonas respectivas, Anahis, informó sobre la situación en Magallanes y el estado de los trabajos de reasentamiento del Sector 73, y Marión hizo un resumen general del estado de las nuevas unidades de infantería que se estaban formando, y de los trabajos en los astilleros y los plazos de entrega de las nuevas naves. Ante la expectación de todos, Marisol se levantó y pensativa se aproximó al mapa holográfico que Sarita había activado a una señal suya.
—Resumiendo, la realidad es que solo tenemos actividad enemiga en el Sector 25, en los alrededores de Sigma Trumzely 5 y sus «posibles» zonas de retaguardia en el sistema Töv, —Marisol se ayudaba de un puntero láser para apoyar sus palabras sobre el mapa desplegando archivos—. En cuanto al Sector 26, la calma es total, es la primera vez, desde el comienzo de la guerra, que no hay actividad enemiga en torno a Beegis-Nar.
—Perdona general, —intervino el presidente— creo que me he perdido, ¿por qué te has referido a la retaguardia del sistema Töv como «posible»?
—Recuerde que durante la ofensiva enemiga contra el Sector 25 y el Grupo Estelar de Trumzely Prime, nosotros atacamos con cohetes nucleares ese sistema, lo devastamos y contaminamos la zona. No pueden tener bases de suministros en ese sistema, pero al parecer los tienen.
—¿Crees que es una estratagema? —preguntó Pulqueria mirándola con extrañeza.
—Tenemos confirmada la presencia masiva de infantería y naves de guerra en torno a Sigma Trumzely, y ciertamente disponen de áreas de retaguardia que tenemos identificadas. La pregunta es: ¿por qué han añadido, posiblemente de manera ficticia, otra gran zona de retaguardia?
—Quieren hacernos creer, que sus fuerzas son mayores con vistas a un contraataque contra Gerede, —intentaba razonar Oriyan.
—Es factible, pero me inclino a pensar que lo que quieren es asustarnos. En mi opinión, no quieren que ataquemos, lo que quieren es que amontonemos recursos entre Ikoma Tome y Gerede, recursos que necesariamente tendríamos que desplazar desde… Kalinao. Lo que no saben, es que eso no va a ocurrir, porque desde hace unas semanas, las dos flotas son independientes. ¿Entonces que pretenden? En mi opinión quieren que debilitemos nuestro dispositivo en el Sector 26. ¿Con qué fin? Atacar por otro lugar. Ahora bien, ¿por dónde? —Marisol comenzó a pasar páginas holográficas— veo dos posibilidades: la primera, desde el sistema Jairo, y la segunda, hacia Nar y Kalinao.
—Pero el sistema Jairo, es la antesala por ese lado del Páramo Tenebroso, —apuntó Loewen.
—Así es, pero al otro lado hay una entrada poco utilizada a Evangelium.
—Pero son treinta y ocho años luz de extensión, y…
­—¿Qué es el Páramo Tenebroso? —preguntó el canciller de Mandoria.
—Una extensión de treinta y ocho años luz, donde no hay nada, —respondió Marisol— y cuándo digo nada, es nada. No hay sistemas, ni estrellas, ni planetas, en fin, nada de nada. Nuestros equipos de navegación tienen enormes problemas para orientarse, y son mucho más sofisticados que los bulban. Me cuesta trabajo imaginar, a miles de naves enemigas atravesando el Páramo Tenebroso.
—A mí también, pero no podemos descartarlo, —dijo Pulqueria.
—Recordad, que los bulban, hace mil años, viajaron entre dos galaxias en unas condiciones muy similares. He ordenado instalar sensores de largo alcance en nuestro lado del Páramo. En caso de actividad enemiga, podemos desplazar unidades desde Ikoma Tome, pero tardarían en llegar, —Loewen y Opx asintieron—. Nos queda Nar y Kalinao.
—Me cuesta trabajo creer que el enemigo intente otra vez atacar Nar, —intervino el general Torres—. Ese planeta es nuestro bastión en el Sector 26, y está más fortificado que Ikoma Tome.
—Perderían una cantidad de fuerzas exagerada, —añadió el general Taxins— y con el grifo cerrado, ya no están para derrocharlas.
Marisol asistía en silencio al debate suscitado por sus colaboradores donde casi todos participaron y estuvieron de acuerdo de que no tendrían problemas para parar una ofensiva contra Nar.
—Estás muy callada Marisol, —dijo el presidente.
—Señor presidente, para mí, la opinión de mis colaboradores es muy valiosa, —Marisol seguía de pie junto al mapa holográfico, lo miró, y preguntó—: ¿y si el ataque se produce por otro lado?
—¡Eso no es posible nena! —exclamó Opx levantándose y aproximándose al mapa para estudiarlo detenidamente—. Tienen que intentar acceder a Evangelium sí, o sí, y para eso tienen que pasar por Nar y Kalinao.
—No necesariamente.
—Venga Marisol, no pueden dejar su retaguardia al alcance de un bastión así.
—Si lo pueden hacer si toman Kalinao, —afirmó Marisol señalándolo con el puntero—. En ese caso, seria Nar quien tendría un bastión enemigo en su retaguardia, y quedarían aislados y bloqueados.
—¡Mira nena! hace falta una mente muy brillante para diseñar una estrategia como esa, —dijo Opx con vehemencia— y los bulban no dan mucho de si.
—¡No voy a permitir que se subestime al enemigo! —exclamó Marisol levantando la voz y mirando a todos. Después, se giró hacia Opx y añadió—: y a ti menos, porque nunca lo has hecho: no empieces ahora.
—Mi señora, no los subestimo, pero es que una operación así no está al alcance de cualquiera, ¿cuántos de los que estamos aquí podrían diseñar algo así? 
—Cualquiera de mis cuatro jefes militares.
—¡No! —intervino por fin Oriyan—. Para eso hace falta alguien brillante, valiente y que además este mal de la cabeza, y yo, con esas características, solo conozco a uno mi señora: tú.
—Para decir tonterías podías haber seguido calladita.
—No son tonterías, yo opino igual, —añadió Opx.
—¡Bueno, se acabó! Vale ya de hacerme la pelota y dejadme argumentar, —exclamó Marisol con el ceño fruncido—. Tenemos constancia de concentraciones enemigas significativas a treinta años luz de Nar, y sabéis que eso no es excepcional, más o menos, siempre han estado allí. Lo excepcional es que no tengan fuerzas entre ese punto y Nar. No las tienen, o no las vemos, —Marisol pasó un par de páginas holográficas—. Nunca hemos sabido con certeza que hacen los bulban en el Mar Angosto…
—¿Qué es el Mar Angosto? —preguntó el canciller de Mandoria.
—Es una zona que se formó, de manera natural, cuándo se instalaron los estabilizadores en el antiguo Sector Oscuro, —contestó Anahis a su padre— según se iban instalando y activando, las fuerzas físicas desbocadas que imperaban en el sector se fueron concentrando en ese punto, no está claro porque, y atrajo a un montón de restos de todo tipo, escombros, asteroides, restos de planetoides, incluso los restos de la batalla de Manixa terminaron allí.
—¿Manixa?, ¿qué batalla es esa? —preguntó la canciller Aunie que asistía como observadora en representación de los kedar.
—Hace cuatrocientos años, Matilda, con la ayuda de la Princesa Súm, lidero la mayor flota de guerra de la historia de la galaxia, —informo Anahis—. Más de mil quinientas naves federales y aliadas, se enfrentaron en Manixa a casi cuatro mil naves corsarias. Hasta la invasión bulban, fue la última batalla de la historia, y el comienzo de un periodo de paz que a durado cuatrocientos años.
—Sí, Manixa está muy próximo al Mar Angosto, y gran cantidad de escombros y naves destruidas terminaron allí, —añadió Taxins—. Desde que los bulban llegaron a la zona, han operado en su interior, ¿cómo?, no tenemos ni idea, pero lo cierto es que nuestras naves no pueden operar allí y las suyas sí, y los escáneres no la penetran.
—Y el Mar Angosto está seis años luz de Nar y a dieciséis de Kalinao, —continuo Marisol—. Siempre hemos pensado, que buscaban restos de tecnología entre los escombros de las naves destruidas en Manixa, pero ¿y si lo que tienen allí es una base oculta?
—Pero Marisol, no hay certeza de eso, —dijo Loewen.
—Ni de lo otro.
—Aun así, los bulban son metódicos en su estrategia, —afirmó Pulqueria— no dan un paso sin dar antes otro previo. Si quieren Kalinao, tienen que ir primero a Nar. Incluso nosotros actuamos así.
—No siempre, recuerda que mientras ellos atacaban Ikoma Tome, nosotros atacamos a su retaguardia en el sistema Töv, a un montón de años luz de distancia.
—Vale nena, —Opx volvió a aproximarse al mapa holográfico— si tienen fuerzas ocultas en ese punto estamos jodidos y mucho: tienen al alcance Nar, Kalinao y todo lo que les salga de la punta de la polla, pero ¿en que te basas, que pruebas tienes?
—No tengo pruebas, —reconoció Marisol— solo es… intuición.
Opx la miró serio unos segundos mientras los demás guardaban silencio—. Muy bien mi señora, si tú dices que es así, pues de acuerdo, solo quiero saber cuales son las ordenes.
—¡Joder tío! No estoy dando ninguna orden, estoy planteando una hipótesis basada en mi intuición, y quiero saber vuestra opinión.
Entonces comenzó un encendido debate en el que todos opinaron, analizando detallando todo lo expuesto. Los únicos que no intervinieron fueron el presidente y los cancilleres. Al final quedó de manifiesto que la postura de Marisol estaba en total minoría.
—Bien señores, —intervino el presidente— hace rato que no se aporta nada nuevo al debate, pero antes de tomar una decisión definitiva, me gustaría conocer la opinión de la general Oriyan, que casi no ha intervenido.
—A mí me da igual lo que se diga aquí, —comenzó a hablar Oriyan— en estos años he aprendido a confiar ciegamente en las intuiciones de mi señora, y si ella dice que vienen desde el Mar Angosto hacia Kalinao, yo no necesito saber más.
—Gracias general Oriyan, —dijo el presidente—. Anahis, tú tampoco has hablado.
—Yo no soy un militar de estrategia, soy una oficinista y mi opinión no es pertinente.
—Pero yo quiero conocerla, —insistió el presidente—. Además, que yo sepa, las oficinistas no cortan cabezas enemigas.
—Yo siempre estaré a las ordenes de Marisol, —afirmó Anahis molesta, no quería dar su opinión en este debate— pero… sinceramente, me resulta difícil creer que sean capaces de desarrollar una operación tan elaborada.
—Ya lo han hecho Anahis, —dijo Marisol sonriéndola. No quería provocar un conflicto entre ellas— la ofensiva contra Trumzely Prime, Gerede e Ikoma Tome demuestran una elaboración muy compleja a todos los niveles.
—Pero se apoyaron en el factor sorpresa.
—Y ahora también. Evolucionan, se adaptan y aprenden.
—Marisol, es hora de que tomes una decisión, —dijo el presidente zanjando el debate.
—No voy a tomar una decisión contraria a la opinión mayoritaria de mi Estado Mayor, —Marisol permanecía dándoles la espalda, de cara al mapa—. Oriyan, Pulqueria, quiero que comencéis a desarrollar los planes de batalla para la defensa de Nar y las líneas de comunicaciones y aprovisionamiento con Kalinao. Loewen, Opx, mantendréis las posiciones en Gerede, atentos a cualquier posible ataque enemigo.
—¿Y si el ataque es en Kalinao? —preguntó el canciller de Mandoria.
—Solo podemos intentar aguantar con los recursos propios del planeta. En dos semanas, el ejército y la flota de Bertil habrán cruzado el corredor y estarán aquí. Con nuestras fuerzas copadas en Nar, todas nuestras opciones pasan por ellos.
—Muy bien señores, la decisión está tomada, —dijo el presidente. Estaba claro que la decisión adoptada no le gustaba, al igual que Oriyan, había aprendido a confiar en las intuiciones de Marisol, pero comprendía su decisión de no enfrentarse con su Estado Mayor—. Solo quiero decirles algo, que he repetido incansablemente desde que esa niña, —señalo a Marisol— entró un día, hace ya seis años, con cara asustada en mi despacho: estamos aquí gracias a ella y su intuición, —levantó la mano parando la protesta de Marisol— y no comprendo como es posible que a estás alturas, precisamente ustedes tengan dudas. Pero como ya he dicho, la decisión está tomada y yo siempre estaré al lado de mi comandante en jefe. Espero, sinceramente, que ella este equivocada, porque si no es así, y el enemigo se hace con Evangelium, habremos tirado por la borda todo el trabajo, el esfuerzo y el sufrimiento de estos últimos años. ¡Señores, se levanta la sesión! Marisol, te espero en el despacho del canciller en diez minutos.



Seria y apesadumbrada, Marisol entró en el despacho del canciller, donde este, Aunie y el presidente la esperaban.
—Con el debido respeto señor presidente, ha sido usted muy injusto con ellos, —le soltó sin preámbulos y cerrando la puerta.
—¡Mira Marisol, no me toques las narices!
—No es mi intención señor presidente, pero…
—¡No me jodas! Todos esos, están donde están gracias a ti. Deberían besar por donde tú pisas, y en lugar de eso te traicionan.
—¡No, no, no! son colaboradores que tienen un criterio propio.
—¡Una mierda! tienen un criterio de mierda.
—¡Señor presidente…!
—¡Vamos a ver si os tranquilizáis los dos! —intervino el canciller levantando la voz y dando un golpe seco en la mesa, que hizo asustarse a Aunie—. Liarnos a voces no va a solucionar el problema.
—Gracias querido amigo, ya sabes que en ocasiones me disparo, —dijo Fiakro abrazando a Marisol— pero es que es tan… tan injusto.
—A mí también me lo parece, —dijo el canciller—. La cuestión es: como lo solucionamos.
—Ya no hay solución, la decisión está tomada y las ordenes cursadas, —afirmó el presidente.
—Por el portal tienen que llegar los quinientos mil soldados de la infantería aliada, —razonó Aunie interviniendo en la discusión aportando sosiego— más otros trescientos mil reclutas kedar que se están entrenando en el Sector 73 para incorporarse al ejército federal. En estás dos semanas, puedo aumentar el número de reclutas, incluso doblarlo. También tiene que regresar la flota, que aunque tiene pocas unidades navales mayores, es muy poderosa por el gran número de patrulleras de batalla que tiene, más de trescientas. Con estás cifras, tenemos un tercer ejército y una tercera flota, totalmente operativos y al mando de personas con experiencia, como son Bertil y el general Esteban. Yo también soy de la opinión del presidente, y estoy convencida de que Esteban y Bertil se hubieran puesto de su lado, pero ahora eso es lo de menos, —y mirando a Marisol, añadió—: además de defenderlos, que supongo que es tu obligación, ponte a trabajar para ver que hacemos con tu nuevo ejército.
—¡Secundo la propuesta! —dijo el canciller de Mandoria mirando a Marisol con cariño—. Y luego voy a tener que decirle un par de cosas a esa hija mía.
—¡No va a hacer nada de eso señor canciller! —soltó Marisol tajante—. Anahis no es una muñequita a la que se le da cuerda: tiene sus propios criterios.
—Querido amigo, aunque sea tu hija, no te metas en ese terrero que te vas a pinchar.
Marisol se aproximó al mapa y lo activo. Estuvo pasando páginas durante un par de minutos mientras los demás aguardaban en silencio.
—No podemos hacer mucho. Si el ataque es sobre Kalinao, la iniciativa la tienen ellos, y si cae, entonces la sartén la tienen por el mango. En ese caso, las fuerzas de Esteban y Bertil viajaran por Evangelium directos a la salida de Kalinao. Si el ataque es sobre Nar, entonces tendremos más opciones. Todo esto, si el ataque se produce antes de la retirada de Magallanes, si lo hacen después, tendríamos esas fuerzas desplegadas en torno a Kalinao.
—¿Sabes que? —dijo el presidente— este asunto me ha dado mala espina desde el principio, y sospecho que la suerte no nos va a acompañar. Si las cosas van mal es necesario mantener la calma Marisol; te sujetaras los voltios y te mantendrás a distancia, porque tú eres quien va a solucionar el desastre.
­—Lo intentaré señor presidente.
—¡No! lo harás.

—¿Estás enfadada conmigo? —por fin las dos estaba a solas en su dormitorio del Cuartel General. Anahis acababa de llegar y encontró a Marisol, vestida solo con una camiseta grande, trabajando en la mesa con los terminales de datos y varias tabletas.
—¿Enfadada? No mi amor, —contestó levantando la vista de la pantalla— ¿Por qué iba a estarlo?
—¡Venga Marisol! No te he apoyado en…
—Anahis, tú no eres mi secretaria, eres un alto jefe militar con responsabilidades, y una de ellas es decir lo que piensas, —y mirándola con detenimiento, añadió—: ¿te ocurre algo? tienes mala cara.
—Estoy bien, pero he tenido una pelotera terrible con mi padre.
—¡Joder tía! Le dije que no te dijera nada, ¡coño!
—Ahora déjalo tu estar, no eres mi madre.
—Ni lo pretendo mi amor, si no, no podría hacer contigo las cosas que hago y que tanto me gustan, —se levantó de la mesa y sonriente abrazo a su amor besándola en los labios.
—¿En qué estás trabajando, quieres que te ayude?
—No, no, lo que quiero es que te vengas conmigo a la cama.
—Eso está hecho, pero déjame que me duche que estoy un poco guarra.
—De eso nada mi amor, así hueles más a ti.
—¡Uy que cochina!
—Si, lo soy, contigo lo soy, —Marisol la echó hacia atrás la guerrera quitándosela y se puso a dar tirones de la camisa.
—¡No seas burra! que me la vas a romper.
—Buena idea, —y haciendo fuerza, los botones salieron disparados en todas direcciones dejando al descubierto los preciosos pechos de Anahis, mientras esta daba un gritito.
—Me vas a coser tú los botones, —dijo riendo.
—Mejor se la mando a mi madre, que lo hace mejor, —y metió la cara en su canalillo aspirando—. ¡Qué bien hueles!
Se dejaron caer sobre la cama y se terminaron de desnudar. Ni siquiera salieron para cenar, se estuvieron amando hasta que el cansancio las rindió y abrazadas, se quedaron dormidas.



sábado, 15 de julio de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 42)




En el Parlamento Federal, la creación de la Reserva Federal Bulban, salio adelante por los pelos. Durante los días previos a la votación, el presidente, Marisol, e incluso Anahis, se reunieron con varios cientos de representantes indecisos. En grupos pequeños o individualmente, todos recibieron la visita de los partidarios de la creación de la Reserva, y casi todas las reuniones llegaron a buen puerto, salvo alguna que termino, como dirían en Nueva España: como el rosario de la Aurora. Finalmente, los de Galaxy Green inclinaron la balanza del lado del presidente, pero no fue gratis, este tuvo que comprometerse a aportar varios sistemas más para la colonización kedar.
Terminadas las sesiones del Parlamento, Marisol y Anahis, embarcaron en el Fénix con la inseparable Sarita, y se dirigieron a Gerede Mutsu, donde estaba estacionado el ejército y la flota del Sector 25. Mientras, Marión, desde Mandoria, seguía a cargo de todo.
—¡Enhorabuena! —dijo Loewen abrazándolas. Estaba previsto que cenaran todos juntos con la tropa en uno de los comedores—. Opx y yo hemos seguido por el canal federal los debates. Las cámaras os seguían a todas partes.
—Os lo habéis currado, —añadió Opx besándolas también— no esperaba menos de mis chicas favoritas.
—Mucho más Anahis, —dijo Marisol—. Incluso el presidente reconoció que había heredado la maestría de su padre en negociaciones y debates, —y bromeando, añadió—: yo creo que ya la está buscando un sitio en el gobierno federal.
—¡Venga, venga! No exageres, —la reprendió cariñosa Anahis dándola un azote en el trasero—. Lo principal es que se ha aprobado la creación de la Reserva Bulban, aunque haya sido por la diferencia más estrecha de la historia del Parlamento de Edyrme.
—Ya lo hemos visto, —intervino Loewen riendo—. ¡Tres votos!
—Tres votos de casi siete mil emitidos.
—Y gracias a la negociación final del presidente con los de G. G. —afirmo Anahis—. Pero a él ahora le queda lo peor, tiene que cumplir lo prometido a los ecologistas, y no sé yo… parece que lo tiene jodido.
—Yo no diría tanto, me da la impresión de que tiene un as guardado. Los toreó con una maestría que me dejó flipada y se los llevó donde quería. Pero dejemos la política de una puta vez, —y abrazándolos otra vez les lleno de sonoros besos—. ¡Joder chicos!, que ganas tenía de achucharos otra vez.
—Es que ha pasado mucho tiempo nena, demasiado, —dijo Opx acariciándola—. Pero en fin, es lo que hay, y aquí la monja y yo, hemos estado muy liados.
—Y tú por todas partes, —apostilló Loewen mientras sonaba el comunicador de Anahis. Miró el visor y se apartó un poco para contestar.
—¡Dime! —escuchó atentamente lo que le decían y paulatinamente se fue iluminando su rostro mientras miraba a Marisol, que también la miraba, igual que los demás—. ¿Está confirmado?, no, no la llames que está aquí conmigo, ya se lo digo yo. Preparad los enlaces con el Ares, querrá hablar con ellos. De acuerdo. —cortó la comunicación y mirando a Marisol con una amplia sonrisa, dijo—: Bertil ha llegado a distancia del repetidor y ha comunicado con el Ares.
—¡Fantástico!, ¡genial! —exclamaron casi al unísono Opx y Loewen mientras a Marisol le empezaban a brillar los ojos. Inmediatamente todos la abrazaron.
—Nena, te estás convirtiendo en una llorona de cojones, —dijo cariñoso Opx después de besarla.
—¡Ya ves! Menuda general estoy hecha, te cagas.
—¡Pues a mí me gusta!
—¡Y a mí también!
—¡Y a mí no digamos! —apostilló Anahis morreándola.
—Bueno, venga, ya vale, —dijo Marisol limpiándose las lágrimas—. ¿Te han dicho algo más?
—Que han perdido dos fragatas y han tenido bajas. El República regresa con graves daños pero con reparaciones en marcha. Están preparando un enlace para que puedas hablar con ellos, de todas maneras, la comunicación con ellos ya es continua.
—Entonces nos tenemos que…
—¡De eso nada! —exclamó Loewen—. Has bajado a cenar con nosotros y eso es lo que vamos a hacer. En el Fénix hay gente suficiente para recibir la información y Marión…
—¡No, joder, chicos…!
—Mira Marisol, —dijo Opx poniéndose serio— la tropa sabe que venias a cenar al comedor y te esperan, si no quieres estar con nosotros, de acuerdo, pero no les puedes dar la espalda a ellos.
—¿Pero que gilipollez estás diciendo?, ¿cómo no voy a querer estar con vosotros?
—¡Pues es lo que parece! —exclamó Opx guiñando con disimulo el ojo a Loewen y Anahis, que desde el primer momento captaron la broma.
—¡No me lo puedo creer! Y de ti, menos, —entonces se percató de que se estaban partiendo de la risa y mirando a Opx con el ceño fruncido, exclamó—: Eres un… ¡cabrón!, y un… ¡maricón! —está palabra la dijo en español.
—Pues de lo último, no sabes hasta que punto… —contestó fingiendo pluma— y cada vez más, —Marisol se le quedo mirando, suavizó el gesto y sé hecho a reír mientras negaba con la cabeza.
—¡Anda!, vamos a cenar con los chicos, —dijo agarrándose de su brazo y echando a andar— y perdóname por lo de maricón.
—No tengo nada de que perdonarte, además lo soy.
—Bueno, pero a mí no me gusta esa palabra, siempre me ha parecido insultante y peyorativa. Además, yo también lo soy, en versión femenina claro. Una vez, hace muchos años, cuándo era una adolescente insoportable y me preocupaban esas cosas, mire su significado en el diccionario de la AEL…
—¿La AEL?, ¿Qué es eso?
—La Academia Española de la Lengua. De la palabra maricón dice: “hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo”. Se me quedo muy grabado por lo injusto de la definición: tú, no eres nada de eso. Bueno, afeminado, últimamente un poquito… pero solo un poquito. Además, fíjate que en el mismo diccionario, si buscas: tortillera, o bollera, te redirige a: lesbiana, que significa: “mujer homosexual”.
—¡Hostias tía! —exclamó Loewen riendo— cuándo eras jovencita te comías el coco de una manera bárbara, ¡eh!
—Era una niñata asquerosa y repelente —la expresión hizo reír a todos— supongo que como todas las demás crías de mi edad.
—Yo no, —dijo Loewen.
—Tú no cuentas. Te pasabas el día en el convento dando espadazos entre responso y responso.
—Pues yo tampoco, —dijo Anahis arqueando las cejas.
—Pero es que tú… tú… ¡bueno vale tú no!
—Ni yo, —intervino Sarita.
—¡Pues yo menos! —la exclamación de Opx hizo soltar la carcajada a todos al tiempo que entraban en el comedor donde cientos de soldados federales la esperaban. La aparición de Marisol, cogida del brazo de Opx, y seguida de Loewen, Anahis y Sarita, fue impactante y cientos de vítores y aplausos se elevaron automáticamente mientras las cámaras de televisión lo retransmitían a toda la galaxia interrumpiendo la programación habitual. Soltándose de Opx, se acercó a ellos y durante un tiempo fue saludando personalmente a todos los presentes, entre los que había jefes y oficiales, incluido Leinex al que dio dos cariñosos besos. Después se subió a una de las mesas y con las manos les pidió silencio.
—Queridos amigos, hace escasamente unos minutos, he recibido una gran noticia. Como todos sabéis ya, hemos logrado cerrar el corredor enemigo y lo hemos hecho desde el otro lado, desde Magallanes. Un grupo de compañeros, de valerosos camaradas, capitaneados por Bertil, y con la ayuda de la capitan Aurre, a los que conocéis de sobra, son los que lo han conseguido, —un estruendo de vítores y aplausos volvió a elevarse interrumpiéndola—. Me acaban de comunicar, que han hecho contacto y ya vienen de regreso, —más aplausos— han muerto muchos compañeros, han perdido naves y las que regresan lo hacen con graves daños fruto de la tremenda batalla que han librado, ¡pero no me cabe la menor duda, de que lo conseguirán y regresaran a casa, con sus familias y con nosotros!, —más aplausos—. ¡Esto no está acabado! El que lo piense se equivoca. Nos quedan muchas batallas que librar y muchos amigos que perder, incluso nuestras propias vidas, pero no tengáis la más mínima duda, de que yo, y mis colaboradores, estaremos siempre al frente de las tropas arriesgando las nuestras, hombro con hombro con todos vosotros, —un estruendo de vítores y aplausos se elevó interrumpiéndola, pero ya tenía poco más que añadir. Entre el atronador griterío añadió levantando los brazos— y al final podremos gritar todos juntos: ¡victoria!, ¡victoria!, ¡victoria!
Un suboficial especialmente fornido y con la ayuda de otros soldados, se la colocó sobre los hombros y la paseo por medio de la multitud que la tocaban como si fuera un ídolo de rock y la ofrecían vasos de licor. Finalmente, el suboficial la depositó en su mesa y cuándo todos se tranquilizaron comenzaron a cenar después de que Sarita la trajera algo del autoservicio. Pero no la dejaron tranquila, los soldados, fueron pasando con cuentagotas para sacarse fotos con ella con las cámaras de sus comunicadores. Con todos tuvo palabras cariñosas, caricias, sonrisas y besos, y la cosa duró hasta las primeras horas de la noche ya que muchos soldados, que habían cenado en otros comedores, se acercaron para poder verla. La descomunal dimensión de líder de Marisol, eclipsaba totalmente a todos los demás, incluido el presidente Fiakro.



En vista de que la cosa se alargaba, y Marisol ya no demostraba tener prisa, Anahis ordenó al Fénix aterrizar en el planeta para evitarla el viaje a la órbita. Cogidas del brazo entraron en su camarote y se ducharon juntas. Marisol preparó unas copas y se sentaron en el sofá frente al ventanal, por el que podían ver las miles de tiendas de campaña, de todos los tamaños, que configuraban el acuartelamiento donde estaban.
—Al principio no querías ir, y luego casi te tengo que sacar arrastras, —dijo Anahis riendo.
—Ya sabes que cuándo pasa algo me entran las prisas, —reconoció Marisol— pero en ningún sitio estoy tan a gusto como con ellos. En Almagro me pasaba lo mismo, cuándo entraba de turno en el cuartel del Tercio era absolutamente feliz, ya sabes, hablar, beber, discutir, pelearnos: costumbres cuarteleras.
—Pues yo creía que cuándo eres absolutamente feliz es cuándo estás conmigo.
—Y así es mi amor, —contestó rápidamente vislumbrando el peligro—. Lo otro es distinto: es otra cosa.
—No me digas que tengo que competir con una tropa cuartelera.
—¡No, no, no! Pero, ¿cómo se te ocurre algo semejante? Tú eres mi único amor y lo sabes muy bien.
—Ya, pero me compartes con un montón de soldados.
—Por favor, mi amor, no me montes una escena, —suplico Marisol—. Te lo repito: tú eres mi único amor.
—Si ya lo sé tonta.
—¡Joder tía! ¿de qué estamos discutiendo entonces? —Marisol no entendía nada.
—No estamos discutiendo, es que me gusta hacerte de rabiar.
—¡Eres mala! ¿lo sabias? —Marisol la abrazó mientras Anahis la acariciaba el trasero con la cola. Buscó sus labios y los encontró receptivos como siempre. Durante un par de horas se estuvieron amando hasta que finalmente, y ya en la cama, abrazadas se quedaron dormidas cuándo quedaba poco para que amaneciera en el planeta. 

A media mañana, Marisol conectó desde su despacho con el Ares por video enlace.
—Buenos días Paco, ¿qué tal estás? —saludo a su amigo Paco Esteban.
—Yo muy bien, con la moral a tope desde que vi tu arenga de anoche.
—Perdóname por no llamarte nada más enterarme, pero estuve un poco liada. ¿Lo has visto en los informativos?
—No, lo vi en directo…
—¿En directo?
—Si, claro.
—¡Joder tío! No tenía ni idea.
—La Cadena Federal interrumpió la programación y retransmitió en directo todo, la soflama, los besos, los abrazos, incluso la cena, y las copas del final. ¿No lo sabias?
—Te prometo que no. Vi las cámaras por allí, pero pensé que estaban grabando como hacen siempre para los informativos. ¿Y que te pareció el discursito?
—¿Discursito? Si me dieron ganas de coger la pistola y salir a pegar tiros.
—No seas tonto, a ti no te hace falta una arenga. Bueno, cuéntame.
—Les han pegado muy duro. Durante la batalla perdieron una fragata y tras el primer salto tuvieron que abandonar otra. El República regresa con muchos daños, pero por fortuna, los motores de salto están intactos, y ahora navega con dotación mínima, Bertil ordenó evacuarlo porque si los interceptan, no puede combatir con capacidad plena: Las defensas automáticas no funcionan y los escudos primarios están al 40 %, los sistemas ofensivos están mejor…
—Pero sin defensas están jodidos.
—Y tres de las cuatro dársenas de vuelo están inutilizadas.
—O sea, que tampoco tienen interceptores.
—Solo lanzaderas. Por fortuna, la madre de Maite va en esa nave. Las otras dos fragatas tienen daños, pero no son importantes. En cuanto a los bombarderos, al igual que el de apoyo logístico, están intactos.
—No hago más que comerme el coco sobre como traernos el República hasta aquí, pero eso lo clarifica todo.
— Así es: no merece la pena.
—¿Y las bajas?
—Muchas, entre muertos y desaparecidos, más de quinientas.
—¡Joder!, ¿cuándo puedo hablar con Bertil?
—Tenemos problemas con la señal y lo limitamos a lo estrictamente necesario, pero…
—¿Qué le ocurre a la señal?
—El repetidor está fallando y hasta dentro de nueve días no pueden comunicar por si solos. No queremos sobrecargas los sistemas.
—Entonces de acuerdo, ya hablaré con él, no te preocupes.
—En la última transmisión de datos, les he enviado la grabación de anoche, con discursito y con todo lo demás. Les va a quedar claro de que aquí no los olvidamos, y tú menos.
—Gracias Paquito. ¿Cómo va la cosa con los kedar?
—Tus amigos, los lideres tribales, cuándo se enteraron del ataque, salieron corriendo como conejos y ya están incordiando a Aunie.
—¡Qué hijos de puta, y no se querían ir!
—Siguen apareciendo kedar por todas partes, y no con cuenta gotas precisamente, en los últimos ocho días, han llegado algo más de un millón.
—A este paso vamos a triplicar la primera estimación.
—Y de largo, los escáneres están detectando mucha naves pequeñas en camino. Lo que no comprendo es por qué no hay actividad bulban, tenemos patrullas a la máxima distancia posible y sus escáneres solo detectan naves civiles.
—Es posible que estén reuniendo toda su flota para atacarnos. Necesitan nuestro portal, sí o sí. Además, es muy posible que tengan ya más naves aquí que en Magallanes.
—En muy posible, y si es así, espero que Bertil llegue antes que ellos, porque un ataque de esa envergadura arrollaría nuestras defensas: la flota que les queda aquí es enorme.
—Yo también lo espero, Paquito, yo también lo espero.




miércoles, 12 de julio de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 41)




Marisol se encontraba trabajando en su despacho con Anahis e Hirell, revisando una montaña de informes, cuándo Marión entró y cerró la puerta tras ella.
—Tengo el último informe de inteligencia, —dijo sentándose en una silla y activando una tableta que traía con ella— y me lo ha traído Taxins, personalmente.
—¿Dice algo importante? —preguntó Marisol frotándose los ojos con aire cansado.
—Es una actualización de la estimación total de fuerzas enemigas, —contestó con cara seria y preocupada— y una proyección de futuro.
—¿De futuro? —preguntó Marisol recostándose en el respaldo— ¡Joder nena!, la mía es ir disminuyendo esa cifra según nos los vamos cargando.
—No bromees anda, que esto es serio, —Marión seguía seria.
—¡A ver Hirell! ¿Qué le has hecho a mi segunda al mando, que está en modo asqueroso?
—¡Yo, nada! Estaba bien, —contestó Hirell, y levantando dos dedos añadió—: palabrita de Niño Jesús.
—¡Vale, muy bien! Cuándo queráis…
—¡Vamos a ver si dejamos de hacer el tonto! —intervino Anahis y mirando a Marisol añadió—: y tú deja de meterte con ella.
—Mi amor, que yo…
—¡Qué he dicho que se ha acabado! —y mirando a Marión—.Venga cariño ¿qué dice el informe?
—No sé como puedes llamar cariño a está… raspa, —dijo de nuevo Marisol.
—No la hagas caso, y dinos que dice el puto informe de una vez, —insistió Anahis.
—Inteligencia cifra el total de fuerzas de infantería en dieciocho millones…
—¡Cómo que dieciocho! —la interrumpió Marisol incorporándose: las bromas se habían acabado—. Hace tres semanas eran once millones. ¿De dónde cojones han salido esos siete de más?
—Taxins apunta a dos factores: la primera, que parte ha entrado a través del portal en los últimos días para reforzar la ofensiva contra Ikoma Tome, y la segunda, que están entrenando tropas aquí mismo. ¿Recuerdas que hace unos meses, los reconocimientos descubrieron unas instalaciones en el sistema Arthangay y que no sabíamos para que las utilizaban? Pues ya lo sabemos, Inteligencia lo ha confirmado: son campos de entrenamiento.
—Si no recuerdo mal, había… ¿seis?
—Si seis, —confirmo Anahis.
—Inteligencia cree que uno de ellos es naval, el resto de infantería.
—Quiero que se monitorice permanentemente esas putas instalaciones, —ordenó Marisol.
—Taxins ya está en ello, ha ordenado a J. J. que instale equipos fijos, —dijo Marión.
—Además, ¿para que quieren un campo de entrenamiento naval? Sus naves venían del otro lado con sus tripulaciones, —razonó Marisol—. A no ser que…
—No hay constancia de que construyan naves en este lado.
—El informe apunta también que las fragatas bulban pueden pasar de siete mil, y los transportes, alrededor de mil quinientos, pero es una conjetura.
—¿Mil quinientos transportes? esa cifra no cuadra con la infantería, —afirmó Marisol haciendo cuentas mentalmente—. Esto es muy grave, significa que la colonización está mucho más avanzada de lo que creíamos, puesto que ya preparan sus propias tropas a partir de los colonos que ya están instalados, y si además están construyendo naves… sin contar que deben tener tropas escondidas de las que no tenemos noticias.
—Hay más, Taxins ha descubierto una instalación de la que no se tenía noticias, en una de las lunas de Arthangay 4, en la zona oscura del satélite. Está muy protegida y cree que es una fabrica de armas.
—Tiene sentido, si ya preparan sus tropas aquí, necesitan armarlas, —razono Anahis mientras todos asentían.
—Si, pero me interesa más confirmar lo de las naves, que Taxins lo haga una prioridad.
—Hablaré con él.
—Hirell, —dijo Marisol mirándole— comunícame con Loewen y Opx, y con Pulqueria y Oriyan, de dos en dos y por ese orden. Luego habla con la secretaría del presidente para ver cuándo puedo comunicar con él, creo que está de visita por los nuevos asentamientos kedar en el 73. Anahis, habla con los de Rulas 3 y mételes prisa, y luego con los complejos de armas principales, y avísales, de que es muy posible que tengan que aumentar la producción, pero que no hagan nada hasta que tengan la autorización federal. Habla también con los astilleros de Raissa y de aquí, de Mandoria, quiero un informe de situación a día de hoy, —Marisol se levantó, al igual que los demás, y aproximándose a Marión la besuqueo mientras la abrazaba— y tú… raspa, habla con el nuevo jefe de intendencia y respírale en el cogote, que está muy verde.
—¿Sabes que te odio?
—¡Que me vas a odiar, si me quieres un huevo! Como yo a ti, —y añadió mientras la seguía besuqueando—: habla también con los cancilleres, hay que aumentar el esfuerzo en el reclutamiento, pero no lo hagas antes de que informe al presidente. Hirell te avisara… pero no te lo folles cuándo lo haga, dale un respiro al pobre, —y antes de que reaccionara, salio rápido del despacho dejándola con la boca abierta.



Los vórtices se abrieron a escasa distancia de la órbita estándar de Orhon Mutsu 3, el único planeta habitable de este sistema de la Confederación Gerede Mutsu. Por él, como avispas furiosas, aparecieron las naves federales que atacaron directamente uno de los flancos de la formación naval bulban, que muy agrupadas, mantenían la vertical sobre su infantería. Varios cientos de torpedos y más de dos mil misiles, comenzaron a impactar mientras desde el puente de su fragata insignia, Loewen, dirigía las operaciones.
—Blanco fijado para el MARK-5, almirante, —anuncio el oficial de armas de la nave.
—Dispare, —ordenó Loewen, y el torpedo partió hacia su objetivo, entrando a baja velocidad por entre las naves enemigas buscado su blanco gracias a su tecnología de navegación de crucero. Se produjo la explosión que no fue muy espectacular, e inmediatamente, cuándo se activaron los gravitones, las fragatas bulban comenzaron a ser atraídas hacia el punto de detonación: hacia la singularidad gravitacional artificial. El desconcierto cundió entre el enemigo que no sabían que estaba aconteciendo, cuanto más naves caían en la trampa. Las naves más alejadas del epicentro, luchaban, con los propulsores a plena potencia sobrecargando los reactores, intentando zafarse de la terrible atracción que los arrastraba. Medio centenar de naves lo consiguieron, pero pocas escaparon al ataque de las fragatas federales que, vigilantes, las cazaban sin contemplaciones sin cruzar en ningún momento la zona de peligro.
Un segundo grupo de vórtices se abrió, y llegaron los transportes federales que inmediatamente y sin pausa comenzaron a descender sobre la superficie del planeta. En la segunda oleada llego Opx que rápidamente se puso al frente de las operaciones desplegando en orden de batalla a parte de su ejército. Unas horas después, los dos jefes militares se reunieron mediante video enlace con Marisol, que seguía, en tiempo real, los acontecimientos desde el Cuartel General en Mandoria.
—Cariño, se confirma: los bulban se han dado prisa en evacuar todas las bases del planeta, —informó Opx, cariñoso como siempre—aquí, solo han dejado unas treinta divisiones, que me van a durar “na y menos”. De hecho, solo estoy desplegando a parte de las fuerzas.
—Si, ya lo he visto, —dijo Marisol—. Y parece que la flota enemiga está igual.
—Si, —contestó Loewen— y gracias a eso hemos atrapado a casi toda su flota con el MARK-5 y nuestras naves no han sufrido daños.
—¡Estos cabrones no saben cómo dar por el culo! —exclamó Marisol— quería propinarles un golpe moral con la conquista de está posición, y los hijos de puta se largan. Cada vez los odio más.
—Cariño, no te preocupes, se lo daremos en Trumzely Prime.
—No es lo mismo, allí nos van a ver llegar y va a ser jodido de cojones, —dijo apesadumbrada.
—Siempre queda la posibilidad de que se te ocurra alguna idea brillante, —bromeo Loewen—. ¡Venga tía! No te agobies, hace seis años lo teníamos todo perdido y mira donde estamos ahora. Además, tenemos un arma que casi puede ser definitiva.
—No sé, yo no diría tanto, —a Marisol se la veía de bajón— esos hijos de puta se adaptaran, como siempre hacen.
—¡Oye Marisol! —la espetó Loewen con suavidad— no te permito que te desmoralices, a ver si te voy a tener que dar dos espadazos en el trasero, como la primera vez que nos vimos.
 ¿Le has dado dos espadazos en el culo a Marisol? —preguntó Opx a Loewen— Y que tal, ¿mola?
—¡Joder Opx, no empieces! —exclamó Marisol mientras Loewen se mondaba de la risa.
—¡Joder tía! Yo también quiero…
—¡Ni lo pienses!
—¿Pero por qué?
—¡Por qué no, tío! Dáselos a Leinex.
—Casi prefiero que me los de él a mí, —afirmó Opx simulando pluma. Loewen no lo pudo remediar y soltó una carcajada mientras Marisol le miraba con los ojos como platos. Al final, no tuvo más remedio que echarse a reír.
—¡Al final lo has conseguido, tío! —exclamó Loewen cuándo se recuperó de las risas, mientras se secaba las lágrimas con uno de esos pañuelos de telas que solo ella usaba— has conseguido que se ría.
—No se me resiste, me come de la mano.
—Mira Opx, vete a tomar por el culo, anda, corre, —dijo Marisol sin parar de reír, pero lo pensó mejor—. ¡Bueno no!, que si te mando ahí, tú te vas, ¡joder!
—Por supuesto!, cariño, por supuesto: siempre a tus ordenes mi señora.
—¿Seguimos sin noticias de Bertil? —preguntó Loewen cambiando de tema—. ¿En el Ares no saben nada?
—Todavía están lejos del repetidor y no lo estarán hasta dentro de dos semanas en el mejor de los casos. Por el momento todo sigue tranquilo en la zona del portal. Esperemos que lo logren, pero, no se…
—¡Eh!, ¡eh!, tía, a ver si te va a entrar otra vez la “depre”, que ya tengo el repertorio muy justo.
—No nene, solo intento ser realista. En fin, en los próximos días, si surge algo urgente dirigiros a Marión, el presidente me ha liado para que asista a los debates en Edyrme.
—¿Qué vas a participar en los debates? —preguntó Opx—. Me voy contigo, eso no me lo pierdo.
—¡Una leche! Tú a lo tuyo: a matar malos. Solo me faltaba aguantar tus gracias allí.
—¿Qué postura vas a adoptar en los debates, Marisol? —preguntó Loewen.
—El presidente y yo coincidimos…
—Como casi siempre, —apunto Opx.
—Si, la verdad es que sí. Pues eso, que tenemos la misma postura.
—¿Qué es?
—No queremos eliminarlos, el presidente prevé la posibilidad de una rendición cuándo lo vean todo perdido. Eso ahorraría vidas, por ambas partes, y recursos de todo tipo.
—Me perece bien, —dijo Loewen sonriendo— pero cuándo se rindan, si se rinden, ¿qué tenéis pensado?
—El presidente quiere crear una Reserva Federal Bulban en algunos sistemas del Sector 26.
—¿Cómo si fueran un estado independiente? —preguntó Opx frunciendo el ceño.
—Si, pero sin derechos políticos. Estarían bajo supervisión federal constante y se intentaría que fueran autosuficientes enseñándoles a cultivar y tal, ya sabéis, ganadería, pequeñas manufacturas, esas cosas.
—Tú sabes que lo que decidas, a mí me parece bien, dicho esto, te diré, que no veo a esos cabrones cultivando lechugas, —afirmó Opx.
—Mira tío, nos hemos cargado en Magallanes a casi noventa mil millones de civiles, y te digo de verdad, que ya está bien de genocidio, y si puedo evitar aumentar esa cifra, lo voy a intentar.
—Tienes mi apoyo sin reservas, —afirmó Loewen.
—¡Joder y el mío!, solo digo lo que digo, que no los veo…
—Pues tendrán que aprender, no van a tener otra opción, —le interrumpió—. De todas maneras, la cosa está muy pareja, por eso el presidente me ha pedido que eche una mano. Que fácil es apoyar ciertas medidas cuándo es otro el que aprieta el botón.
—¿Que tal van las cosas en el 73? —preguntó Loewen cambiando de tema.
—Bien y mal. Bien porque lo que teníamos previsto está cumplido, y mal porque siguen llegando refugiados a la zona del Ares, si seguimos así, pasaremos de sobra de los veinte mil millones. Al final va a haber muchos más kedar de lo que ellos mismos creían, están saliendo hasta de debajo de las piedras.
—Pues eso está bien, ¿no? —dijo Opx.
—Si, pero el problema es que los sistemas asignados ya no dan más de sí, y los de Galaxy Green están de los nervios y muy cabreados. Este asunto se va a tratar también en Edyrme, o sea, que la cosa va a estar movidita.
—Cariño, como me gustaría ir contigo —afirmó Opx.
—¿Desde cuándo te interesa la política? —preguntó Loewen divertida.
—No, no te rías, la verdad es que cada vez me interesa más. Cuándo todo esto termine, he pensado dedicarme a la política.
—Pero tú eres de Nar, y el planeta está evacuado.
—Y arrasado,
—Da igual, mi pueblo regresara, seguro.
—Con tu historial, arrasaras en unas elecciones.
—Bueno ya veremos, de todas maneras es hablar por hablar, primero tenemos que ganar la guerra, pero ya os digo que no pienso encerrarme en un convento con Leinex, eso seguro.
—¿Y por qué no? —dijo Marisol riendo—. Podrías postularte a “reverenda madre”, lo harías de cojones.
—Entonces soy yo quien pide el traslado —exclamó Loewen con energía provocando las carcajadas de sus dos amigos.
—¿Piensas regresar a Konark cuándo todo esto acabe? —preguntó por fin Marisol cuándo se recuperó de las risas.
—Por supuesto, siempre quise ser una monja y quiero seguir siéndolo.
—No sé tía, pero alguien de tu valía… ¿No se os ha ocurrido pensar, que cuándo todo esto acabe, será necesario mantener una fuerza militar?
—Para eso ya estás tú, —afirmó Opx.
—¡Ah no, de eso nada!
—¡Qué morro! —exclamó Loewen—. O sea, que nos echas en cara que no queramos seguir en el ejército, y resulta que la primera que sale corriendo eres tú.
—Las cosas no son así, ¡joder!, yo no salgo corriendo.
—¡No, que va! —intervino Opx—. A ver, ¿qué tienes que hacer más importante que dirigir el ejército?
—Pues dedicarme a mis cosas, —contestó evasiva— descansar. ¡Joder!, que solo he tenido unos días de vacaciones en seis años, y porque Marión me ha obligado… y el presidente.
—¡Anda mira, igual que yo! —exclamó Opx.
—¡Pues yo ni eso!
—¡Bueno, vale, muy bien! Quiero estar el resto de mi vida abrazada a Anahis besuqueándola y metiéndola mano.
—¡Oh!, que tierno, —se pitorreó Opx—. Has visto, Loewen, se supone que es la tía más poderosa de la galaxia, y resulta que es más tierna que el “Día de la Madre”.
—Sí, es muy… ñoña…
—Bueno, vale, cuándo os canséis de meteros conmigo me lo decís.
—… pero a mí me gusta, —concluyo Loewen.
—¡Hostias!, y a mí, —añadió Opx—. Si yo no fuera maricón, la habría tirado los tejos desde el primer momento… si no fuera maricón, claro.
—De verdad chicos, os quiero. A ver si la próxima vez nos vemos en persona y no por video enlace…
—¡Si, para que nos besuquees! Que lista, —exclamó Opx.
—¡Será asqueroso el tío!