domingo, 9 de julio de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 40)



Marisol, Anahis, Marión y Sara, habían salido a correr por el enorme parque forestal que casi rodea el complejo de edificios que conforman el Palacio Real de Mandoria, seguidos por sus escoltas, que igualmente, con ropa deportiva las seguían unos metros por detrás. Siempre que tenían oportunidad, y el tiempo y las vicisitudes de la guerra lo permitían, les encantaba correr juntas y sudar mientras no paraban de parlotear y reír. Driss, uno de los escoltas de confianza, una hembra mandoriana que estaba con ellas desde el principio de la guerra, aceleró el paso y se puso a su altura con un comunicador en la mano.
—Mi señora, es urgente, —dijo tendiendo a Marisol el comunicador. Todos pararon la carrera mientras contestaba.
—¿Qué ocurre? —contestó, y se mantuvo unos segundos en silencio mientras escuchaba— ¿está confirmado?… ¿tenéis nuestra posición?… de acuerdo, —Marisol cortó la comunicación y con los brazos en jarra guardo silencio mientras miraba al suelo. A lo lejos, una lanzadera fue acercándose hacia su posición—. El enemigo ha parado su avance sobre Ikoma Tome y retrocede.
—Eso solo puede significar una cosa, —afirmó Marión sonriendo y acariciándola las mejillas con ambas manos.
—No saquemos conclusiones, —afirmó Marisol intentando mantener la calma, pero no pudo seguir, las lágrimas inundaron sus mejillas mientras sus amigas y un par de escoltas la abrazaban, al tiempo que la lanzadera aterrizaba a una veintena de metros de ellos. El estrés de tantos años de guerra, afloraban de repente y la traicionaban.
—Y ahora no empieces con gilipolleces, todo esto es obra tuya, y de nadie más, —afirmó Marión.
—¡No Marión, no!
—Si mi amor, claro que si, —dijo Anahis besándola en los labios—. Claro que sí.
El grupo se acercó a la lanzadera y subieron a bordo. La nave despegó rápidamente sin terminar de cerrar el portón y a toda velocidad se dirigió al Cuartel general. Sin cambiarse de ropa se dirigieron al centro de mando donde Hirell, como jefe de operaciones en ese momento, la esperaba con una amplia sonrisa.
—¡Atención!, —gritó cuadrándose— ¡el comandante en jefe! —todos se cuadraron e inmediatamente estalló un caluroso aplauso repleto de gritos y vítores.
—¡No, no chicos, no me hagáis esto! —intentando controlar otra vez las lágrimas mientras se aproximaba a Hirell y se abrazaba a él. Después, separándose, dijo—: informa.
—El avance bulban se ha detenido a seis años luz de Ikoma Tome, y algunas unidades se han empezado a replegar hacia la Confederación Gérede Mutsu. He ordenado activar los equipos ópticos de la zona y se confirma que se está produciendo una evacuación rápida de sus bases en el sistema Orhon Mutsu, así como del resto de la Confederación hacia Trumzely Prime. También he ordenado activar los equipos de la zona de Karahoz. Tendremos imagen y telemetría en dos horas.
—¡Ponme en línea a Opx y Loewen! —ordenó Marisol entrando en una habitación contigua, con Anahis y Marión para ponerse los uniformes que Sara las acababa de traer— ¡informa al presidente!
—He informado al presidente y viene de camino, junto con varios cancilleres, ministros y representantes, —dijo Hirell cuándo salieron ya vestidas.
—Espero que no la estemos cagando, —refunfuño Marisol.
—No la estás cagando cariño, —se oyó desde una de las pantallas, donde un sonriente Opx la miraba—. Estoy iniciando los preparativos para embarcar al ejército, a la espera de que decidas como actuar.
—¡Tengo al almirante Loewen en línea! —dijo Hirell señalando otra pantalla y su figura apareció en ella.
—Enhorabuena Marisol.
—No empieces tú también.
—¡Desde luego como eres! —exclamó Loewen riendo— Cualquier otro estaría ahora…
—Tú no lo harías, —la interrumpió.
—¡No me jodas!, yo no cuento, soy una monja.
—Y una monja mal hablada, —intervino Opx con humor.
—¿Tú que haces metiéndote en mi conversación con esta… raspa?
—Es que también es mi raspa, —contestó Opx causando las risas de la sala.
—¡Bueno, vale, muy bien! Cuándo queráis trabajamos un poquito, —dijo Marisol con resignación.
—¡Ya está la mohína! —exclamó Loewen sonriendo—. He abortado la operación en marcha y el grueso de la flota regresa hacia Ikoma Tome a máximo factor. He enviado dos grupos de batalla hacia Gérede con la misión de hostigar el repliegue enemigo, pero sin correr riesgos.
—Muy bien, conforme, —dijo Marisol asintiendo con la cabeza levemente—. Hasta dentro de un par de horas no tendremos información de lo que pasa en la zona del portal, entonces decidiremos, pero, si se confirma el cierre del portal, iniciaremos el avance inmediatamente, quiero presionarles desde el primer momento; para ellos será un golpe muy duro perder Gérede Mutsu y con un poco de suerte no les dejaremos completar la evacuación. Pero primero, recopilaremos toda la información disponible y la analizaremos. El Estado Mayor se reunirá en unas horas con la presencia del presidente, los cancilleres y un montón de políticos, —puso cara rara—. También quiero a todos los altos jefes militares en la reunión por video enlace, os informaremos de la hora exacta. Chicos, hay que tomar decisiones, pero antes quiero hablar con vosotros para comentaros algo que me está rondando, luego os llamo.
—De acuerdo, —contestaron los dos y la comunicación se cortó. Marisol permaneció unos segundos pensativa y reparo en Marión que discutía en voz baja, con un capitán encargado de las cuestiones de organización del Cuartel General.
—¿Qué ocurre Marión? —preguntó acercándose.
—¡No me lo puedo creer! —exclamó Marión visiblemente cabreada— estos cabrones casi se enteran antes que nosotros.
—Vale, cálmate. No me lo digas, tiene que ver con políticos, —dijo poniéndola la mano en el hombro, y mirando al capitán le preguntó—: ¿Qué ocurre?
—Mi señora, hasta hace diez minutos, hemos recibido 218 peticiones de alojamiento y asistencia de representantes federales. Posiblemente, ahora tengamos más…
—Están en su derecho de asistir, capitán.
—No es esa la cuestión mi señora, también vienen el presidente, los ministros federales y un montón de cancilleres, y todos con sus sequitos. He intentado alojarlos en hoteles cercanos, pero se niegan, quieren estar aquí, cerca del presidente y de usted. Estamos desbordados, y no tenemos sitio en el Cuartel General para tanta gente.
—No se preocupe capitán, tendrá toda la ayuda que sea necesario, —sonrío para tranquilizarlo.
—Hable con la oficina de mi padre, —intervino Anahis que se había acercado también al grupo—, el Palacio Real tiene muchas dependencias que no se utilizan. El presidente, los ministros y el grupo principal de cancilleres, aquí, en el cuartel general, y todos los representantes y altos funcionarios, al palacio.
—Muy bien, solucionado.
—Mi señora, —dijo Hirell situándose ante ella— tenemos problemas con la señal de video enlace con Nar, pero he hablado con el general Oriyan y me ha asegurado que allí, todo está sin cambios. La he informado de la reunión que ha convocado.
—Gracias Hirell, —y mirando a Anahis y Marión, añadió—: me voy al despacho a trabajar, tengo que reflexionar sobre todo lo que tengo en la cabeza y quiero hablar con un montón de gente.

Durante varias horas, Marisol trabajó en su despacho. Durante ese tiempo, hablo con Loewen y Opx, así como con Pulqueria y Oriyan cuándo se solucionaron los problemas de conexión. Cuándo llegó el presidente no quiso molestarla y se dedicó a atender, con la ayuda de su amigo el canciller de Mandoria, a toda la fauna política que iba llegando al complejo del Palacio Real. Anahis y Marión, entraban al despacho cada vez que Hirell recababa nueva información. Incluso cuándo se estableció la conexión con la zona de Karahoz, ignoro los vítores y gritos de júbilo que llegaron a su despacho, aunque eso si, Anahis la llamo al comunicador para informarla.
La reunión del Estado Mayor se trasladó al antiguo parlamento de Mandoria, en desuso desde que la Princesa Súm implantara la fibra óptica neuronal en todas las casas de la república y los ciudadanos eran consultados constantemente. En la parte baja del hemiciclo se preparó una gran mesa donde se sentaron los miembros de Estado Mayor, así como el presidente, el ministro de defensa, y los cancilleres principales. Una docena de grande pantallas, situadas en la parte de atrás de la presidencia, recogían a los ausentes desplazados en los frentes de guerra. El presidente en persona se ocupó de ir a buscar a Marisol a su despacho. Cuándo entró, la encontró terminando de ordenar sus papeles para ir a la reunión.
—¿Estás preparada? —preguntó con una sonrisa.
—Si señor presidente, —respondió cogiendo también un par de tabletas—. Me hubiera gustado comentar una cosa con usted, pero he estado muy liada. Si le parece bien lo hacemos ahora, no pasa nada porque esperen un rato más esos buitres.
—No te preocupes, yo apoyaré siempre todas tus decisiones.
—No es una cuestión militar señor presidente, es una cuestión política.
—¿Política? Nunca has querido intervenir en política.
—Y no quiero, pero necesito que ustedes decidan que hacer con los colonos bulban que hay en el Sector 26, —Fiakro la miró fijamente, cerró la puerta y se sentó pesadamente en una silla.
—Temía que llegara este momento, —respondió apesadumbrado—. ¿Tienes cifras actualizadas?
—Las últimas estimaciones de Inteligencia, hablan de algo más de… mil millones.
 ¿Y tú que opinas?
— Yo no opino señor presidente. Son ustedes quienes tienen que resolver este problema, que es muy gordo. Por lo que a mí respecta, cumpliré la orden que usted me dé… aunque no me guste. Pero aprovechando la presencia de todos esos cabrones, quiero plantear la cuestión para que tengan algo en lo que pensar. Si usted no tiene inconveniente.
—De acuerdo, hazlo, —dijo Fiakro levantándose de la silla—. Intentaré agilizar el debate para darte una respuesta lo antes posible.
—Gracias señor presidente, —los dos salieron de su despacho y se encaminaron al hemiciclo por los antiguos túneles que comunicaban los edificios del complejo.
—¡Atención, el presidente de la República y el comandante en jefe! —grito el jefe de protocolo cuándo los dos entraron en el hemiciclo. Todos los militares, los cancilleres y un buen número de representantes se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir, algo, que también hizo el presidente. Marisol agradeció los aplausos con una inclinación de cabeza y se sentó en la cabecera de la mesa.
—Señores, señoras, —comenzó a hablar cuándo todos se sentaron— agradezco de corazón estos inmerecidos aplausos, pero quiero recordarles que ese corredor está cerrado, porque varios miles de compañero, a bordo de una flota al mando de Bertil, han arriesgado la vida para conseguirlo, y no tenemos noticias de ellos, no sabemos si están muertos o si están de regreso a casa. Ese aplauso que me han dedicado a mí, en realidad, debe de ser para ellos, —Marisol guardó silencio mientras se producían nuevos aplausos, reordenaba sus papeles y retocaba su micrófono—. En Magallanes, no tenemos noticias de la flota de Bertil… —nueva interrupción por aplausos.
—¡Señores y señoras representantes! —intervino Marión elevando la voz ante su micrófono— les recuerdo que están ustedes como invitados a una reunión de trabajo del Estado Mayor. Esto, ni es el Parlamento Federal, ni un mitin político. Por favor, les ruego que no interrumpan más y nos dejen trabajar.
—Como estaba diciendo, no tenemos noticias de la flota de Bertil, y no las tendremos, como mínimo hasta dentro de tres semanas, entonces, podrán conectar con el Ares gracias a un repetidor que instalaron, y camuflaron, durante su viaje. En el sector del Ares la calma es total y no hay actividad enemiga inusual, aunque el general Esteban, tiene ultimado el minado de la zona de seguridad en torno al portal. En cuanto a los trabajos de evacuación de la población kedar hacia los nuevos asentamientos en los sistemas del Sector 73, están muy avanzados y calculamos que en diez días solo quedaran los refugiados que, de manera residual, sigan llegando a nuestra zona de control. El general Esteban prevé un aumento paulatino de la actividad militar según vayan pasando los días y yo estoy de acuerdo con él, destruido su corredor, y hasta que puedan crear uno nuevo, la única opción que tienen es hacerse con el control del nuestro. Lo que no saben es que no tenemos interés en mantenerlo abierto, en principio, Esteban mantendrá la posición hasta el regreso de nuestros muchachos, y después, ya veremos. Desgraciadamente, y como algunos de vosotros ya sabéis, el acorazado República, por dimensiones, no puede entrar en el corredor y será destruido cuándo lo abandonemos. Es una lastima, seria de una gran ayuda en la ingente tarea que nos queda por delante. No quiero terminar este apartado sin señalar el excepcional trabajo desarrollado por el general Paco Esteban y su equipo en unas condiciones muy difíciles, enfrentándose con valentía y eficacia a retos desconocidos hasta ahora por nosotros, —hizo una pausa para beber agua mientras los militares presentes daban golpecitos en la mesa a modo de reconocimiento mientras miraban la pantalla donde estaba la figura de Esteban que agradecía con pequeñas inclinaciones de cabeza.
«Bien. En cuanto al sector más critico en estos momentos, el Sector 25, se confirma la retirada de todas las fuerzas de vanguardia hacia sus bases de la Confederación Gérede Mutsu, pero, teniendo en cuenta que a su vez, estás bases están siendo evacuadas hacia Trumzely Prime, consideramos que la intención del enemigo es fortificarse en ese grupo estelar e impedir ataques con dispositivos nucleares contra su retaguardia como ocurrido con nuestro ataque al sistema Töv. El cierre de su corredor, les va a suponer, entre otras muchas cosas, el cese del tránsito de pertrechos, equipos de repuesto e intendencia de todo tipo. Ellos lo saben, y sus líneas de abastecimiento entre el Sector 26 y sus vanguardias en las cercanías de Ikoma Tome, son insostenibles sin una retaguardia activa como era el portal. Esto mismo, es aplicable también a la zona de operaciones en el Sector 26, a la zona Beegis-Nar. Más adelante hablaré de ese sector. Mi intención es hostigar todo lo posible el repliegue enemigo hacia Gérede y, sin correr riesgos por el momento, infligir daños a la flota bulban, porque esas perdidas de naves, ahora son perdidas netas, no pueden reponer unidades y eso nos iguala. La almirante Loewen, con buen criterio, como es habitual en ella, desde el primer momento destacó dos grupos de batalla para entorpecer el repliegue enemigo. En estos momentos, otros dos grupos se han unido a la tarea, mientras, el general Opx, está embarcando sus tropas en Ikoma Tome para iniciar el avance hacia Gérede, en concreto hacia Orhon Mutsu 3 de donde fuimos desalojados por la ofensiva enemiga, —Marisol volvió a hacer una pausa para beber agua y reorganizar sus notas.
«Bien, en cuanto al Sector 26, la calma es total y no hay actividad enemiga de ningún tipo en torno a la zona de Beegis-Nar, eso si, siguen manteniendo sus posiciones actuales, y no se ha producido ningún repliegue en ellos. En cuanto a la zona de Karahoz se ha producido un hecho llamativo, aparte de la propia desaparición del corredor, y es, que toda la zona está repleta de escombros, que deben de corresponder a las estructuras que los bulban habían construido en las cercanías del portal como instalaciones de paso y que han desaparecido todas, pero lo más llamativo es que todos los restos están fijos en un mismo sitio, en la zona comprendida entre donde estaba el portal y Karahoz. El propio planeta está absolutamente arrasado, no solo los asentamientos bulban, también el monasterio. Pensamos que la destrucción del centro emisor, causó una gran explosión que se retroalimentó a través del túnel según se iba destruyendo, elevando su potencia hasta limites insospechados. La salida del corredor actuó como un cañón arrasándolo todo, por eso mismo, los restos deberían estar en movimiento alejándose del punto de impacto, pero no lo hacen. Los técnicos me dicen que con las leyes de la física en la mano, no es posible, pero lo cierto es, que lo ha sido. Por precaución, he ordenado que nadie de Inteligencia se acerque a esa zona, hasta que los científicos descubran que es lo que pasa, —Marisol hizo una pausa para beber agua—. Hasta aquí mi informe de situación, ¿alguna pregunta?
Se inició un largo debate en el que participo el presidente y alguno de los cancilleres. Marisol explicó y aclaró pormenorizadamente las dudas que iban surgiendo y, finalmente, todos los miembros del Estado Mayor apoyaron el informe presentado por Marisol.
—Solo una cosa más, general, —preguntó finalmente el canciller de Ursalia—. ¿Por qué se tardó tanto en comprobar la destrucción del portal?
—Porque por seguridad, los equipos de observación están desactivados. Desde nuestro ataque con los Delta, al comienzo de la guerra, toda la zona está muy irradiada y eso afecta a los equipos electrónicos, por eso, se mantienen apagados. Su puesta en marcha es laboriosa, e incluye un reseteo del sistema para evitar manipulaciones enemigas como ya tuvimos, en total un par de horas, más o menos señor canciller, —Marisol hizo una pausa por si había alguna pregunta más y prosiguió—. Bien, la cuestión es: ¿qué hacemos ahora? —Marisol se levantó y activo un mapa holográfico para ayudarse en las explicaciones—. Lo lógico seria que, ya que ellos mismos se retiran del Sector 25, hacia los limites con el 26, dejar una fuerza allí y reunir a todas nuestras unidades para lanzar una ofensiva general y contundente desde nuestras posiciones de Beegis-Nar y Kalinao, —varios de los militares presentes afirmaron con la cabeza— pero hay un problema, y es, que el enemigo pensara que eso mismo es lo que vamos a hacer. Ellos mismos fueron los que abrieron un segundo frente y mi intención es, aprovechar la circunstancia de que tenemos el ejército y la flota dividido en dos y a más de cien años luz uno de otro. He decidido crear definitivamente dos fuerzas militares distintas, —Marisol hizo una nueva pausa para que todos asimilaran sus palabras. Todos los que estaban en torno a la mesa, incluido el presidente, guardaron un silencio expectante, mientras un ligero murmullo se elevaba desde las bancadas de los políticos—. Como ya he dicho habrá dos ejércitos y dos flotas, distintas, independientes y, autosuficientes, aunque lógicamente compartirán muchos aspectos de intendencia y aprovisionamiento. En estos momentos, dos tercios de la flota, está operando en el Sector 25 a las ordenes de la almirante Loewen. Vamos a equilibrar las dos flotas, por lo que unidades del 25 pasaran al 26. Loewen mantendrá el mando absoluto de esa fuerza naval que pasa a denominarse 1.ª Flota. La otra fuerza, se denominara 2.ª Flota y estará bajo el mando de Pulqueria. En cuanto al ejército, hemos acordado que para evitar traslados masivos de tropas, todas las nuevas promociones se destinaran a Nar y Kalinao. Se crea el Grupo de Ejércitos nº 1, al mando del general Opx, que operara desde el Sector 25, atacando por el borde de la galaxia y penetrando con profundidad en el 26. De igual modo, se crea el Grupo de Ejércitos nº 2, bajo el mando de la general Oriyan, que partiendo de las bases de Kalinao y Nar, penetrara en dirección a Cayely y Petara. Vamos a crear, la Unidad Central de Intendencia, que abreviaremos con sus siglas: UCI y que estará bajo mi mando. Está unidad, centralizara y organizara la entrega de suministros, tanto a los ejércitos como a las flotas. Todo lo que he expuesto, ya está hablado con los interesados y han aceptado. ¿Alguna pregunta?
—Mi señora, —dijo el general Taxins, jefe de la Inteligencia Federal— estoy de acuerdo en todo, salvo en lo de la UCI. Desde mi punto de vista, es mejor que te dediques única y exclusivamente a las cuestiones de estrategia para mover esas dos fuerzas militares, que va a ser un trabajo de narices, y que no pierdas el tiempo con la UCI.
—Puedo hacer las dos cosas a la vez, eso no será problema, —afirmó Marisol.
—Estoy de acuerdo con el general Taxins, —intervino el presidente—. No me gusta esa idea, y es mejor que nombres a otra persona para ese cargo.
—Y no nombres a ninguno de tus más cercanos colaboradores, —dijo el canciller de Nueva España— vas a necesitar mucha ayuda en la tarea que se avecina, —todos los que estaban en la mesa apoyaron las palabras del canciller.
—De acuerdo, buscaré alguien apropiado, —otorgó Marisol con el ceño fruncido ligeramente.
—Es lo mejor, no te mosquees, —dijo otro general con una sonrisa.
—No te preocupes, que no me mosqueo, —dijo Marisol devolviéndole la sonrisa—. Muy bien, queda una única cosa, que no es una cuestión militar, es una cuestión política, y por lo tanto no está abierto a debate entre nosotros. Una cuestión que ya he comentado con el presidente, pero aprovechando la presencia… muy inusual, de tan nutrido y distinguido grupo de representantes federales, creo en mi obligación exponerla. Como ya saben ustedes, la colonización bulban es un hecho en el Sector 26. Las últimas estimaciones, consideran que hay más de mil millones de civiles bulban en colonias por todo el sector. Es obligación de ustedes, decidir que vamos a hacer con ellos, y es una decisión que deben tomar pronto, porque es mi intención no dar respiro al enemigo e iniciar las operaciones militares rápidamente.
—¡No parece que tenga una buena opinión de nosotros, general Martín! —grito un representante desde las primeras filar de la bancada.
—Efectivamente, no la tengo, lo reconozco, no me gustan, porque cuándo el enemigo nos tuvo entre la espada y la pared en Kalinao y Rudalas 3, cuándo nos barrio en Trumzely Prime y perdimos setecientos mil soldados, y lo que es peor, cuándo más de siete mil millones de civiles cayeron en sus manos, ninguno de ustedes apareció por aquí, o por el despacho del presidente, al contrario, se escondieron como las ratas que…
—¡General Martín, ya es suficiente! —gritó el presidente interrumpiéndola. De inmediato Marisol se cuadró y guardo silencio mordiéndose la lengua. Todos los militares de la mesa, se levantaron y se cuadraron también situándose detrás de su comandante.
—Creo que es mejor levantar la sesión, —recomendó el canciller de Mandoria con una sonrisa, y mirando a las bancadas, añadió—: antes de que alguno de estos quiera seguir tocándole las narices a nuestra chica favorita.
—Si, es lo mejor, —dijo el presidente—. ¡Se levanta la sesión!



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